Suena el Afilador de Cuchillos: El recuerdo y la poesía de Walter Lezcano

Published On August 12, 2016 | By Fradi Dos Campos | Cultura

Como la imagen del afilador de cuchillos recorriendo las calles; como su sonido distante perdiéndose a lo lejos, la poesía de Walter Lezcano es algo que ya no suele verse ni oirse muy seguido; ¿es que no se estila?. No, no es que falte gente que apele a desenterrar lo vivido como objeto de su literatura. Quizás no muchos lo hacen desde las entrañas. O mejor dicho, quizás no muchas personas nos lo hacen sentir, mediante un minucioso trabajo de fondo, que lo hacen desde las entrañas; no “que nos hagan sentir” en su acepción de ilusión, sino en el sentido de que lo que se nos está comunicando nos llega hasta el fondo; de que se expande al ser leído y nos sumerge en sí. Porque la escritura permite destronar la falsedad, como bien señala el autor de estos poemas. En Suena el afilador de cuchillos, ésta es la intención entre líneas.

Si hay algo que es fuente de todo desarrollo literario, es que haya algo que contar y la anécdota, el recuerdo son claves en ese estado germinal. Pero la calidad de construcción, del trabajo sobre la experiencia en Lezcano genera ese peso que empuja la balanza a su favor; es esa densidad la que riega a la anécdota de una poética sólida. Hay un conflicto constante, y donde hay conflicto -y más precisamente, cuando somatiza el texto sus detalles, sus peculiaridades- en palabras, muy probablemente tengamos poesía. Y como mínimo, el material literario bruto listo para trabajar.

El recuerdo es uno de los procedimientos clave de los alter-egos, los yo-líricos que moldea Walter a su imagen y semejanza; pero no se puede ignorar como otro elemento clave su notable precisión, que esculpe el recuerdo y lo moldea. La precisión en el recuerdo, no como una calidad mnemotécnica; sino la precisión que busca los detalles -lo circunstancial, lo anecdótico- y en ellos exacerba la singularidad vivencial, literal, catártica. No hay tiempo que perder en aliteraciones, metáforas, tropos o ritmos. Es ésta la manera en que Walter conjuga una energía que dialoga con la poesía express de Vicente Luy; con el “todo lo que escribo me pasó o va pasarme” de Mccullers.  En la poética de Suena el afilador de cuchillos, lejos de separarse literatura y vida, tenemos la literalidad como acceso a la vida. ¿Que en algunos momentos va como de costado, para insinuarnos otras cosas, otras lecturas? ¿Que hay ambigüedad? Si, claro; hay literatura, hay trabajo. Es justamente este uso de la literalidad directa, precisa (que por explicitarsenos constantemente nos hace imperceptible la multiplicidad del significado) uno de los grandes logros de sus poemas; como en“Voy a tratar de ser preciso”, la precisión es clave para la poesía y también para la vida. Nada que entorpezca las intenciones del libro de hablarse, de mostrársenos de frente se interpone en el camino. El cuerpo es donde repercute el recuerdo, y él mismo es el lugar donde, a lo largo de las páginas, se libra el conflicto motor de la poética. La panza que no se pudo bajar con la bicicleta, pensamientos que se clavan en la nuca, callos en las manos que no fueron producto de haber hecho algo valioso, una energía canibalística retratan un cuerpo vivo, que se deshace por ponerse en palabras.

La inteligencia de Walter está en ese camuflaje de lo corporal en la poesía, esa inquietud que es solamente la punta del iceberg de su escritura. Sus versos son feos. Apuntan a una estética de lo descuidado; la desprolijidad que no vemos en su obra periodística va como piña y se hace sensible en un descubrimiento de la literatura misma que él se encarga de explicitar, para crear su propia afinidad, su propia escuela (El túnel de Sábato como “génesis literaria”, en la introducción de los poemas; la sección de cultura de Clarín que envuelve unos huevos en “Voy a tratar de ser preciso”, donde se habla de Crimen y castigo), a la manera de un origen arltiano de voluntad de escribir.

 

La labor como novelista, cuentista y periodista en la escritura multifuncional y profusa de Lezcano obviamente repercute en su dimensión poética; quizás ese sea el aspecto clave que le da a Suena el afilador de cuchillos una consistencia ideal para adentrarse en el mundo del autor . Esta recopilación de poemas fue editada recientemente por la editorial Nulú Bonsai y pone sobre la mesa el corazón de la poética del autor; algunos textos habían aparecido anteriormente en 23 patadas en la cabeza, que fue editado por Difusión Alterna, y luego por Eloísa Cartonera en 2015.

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