MR. ROBOT: La paranoia es la única realidad

Published On July 11, 2016 | By Martin Velazquez | Geeks, Series

Adelantándose al estreno del miércoles, los creadores de la serie de USA Network filtraron en las redes el primer episodio de la segunda temporada. En la nueva entrega emitida por Space, el lisérgico Elliot (Rami Malek) y un reciclado Mr. Robot (Christian Slater) esperan, victoriosos, la contraofensiva de E-Corp luego del ataque de Fsociety que causó un desequilibrio en el sistema financiero.

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FUCK THE MATRIX

“Estaba por la página 90 y ni siquiera podía llegar al primer acto, ahí me encontré en problemas. Llamé a los productores de Anonymous Content y ellos me convencieron. Tenía que ser una serie de televisión”, decía a poco de estrenarse un ignoto Sam Esmail, director anglo-egipcio que sólo había realizado Comet: una cinta bien narrada, pero ciertamente olvidable. Nada se podía esperar de él. Más aún, cuando los anuncios en las redes hacían alusión a un thriller psicológico en el mundo de los hackers; una puesta que nunca había podido dar frutos en el ámbito audiovisual ; bastaba recordar la ordinaria Hackers con Angelina Jolie y Jonny Lee Miller, que bien podía verse como una porno soft con pantomimas de ciberpunks. Pero Esmail nos tenía preparados un trabajo que durante años venía maquinando dentro de su cabeza, Mr. Robot no era una improvisación ni mucho menos una ganga marketinera.

Con un ritmo paranoico, al mejor estilo PI de Darren Aranofsky,y un trabajo psicológico complejo, digno de un discípulo de Stanley Kubrick, la serie comienza en las calles neoyorquinas, escuchando un off narrado por la consciencia de Elliot Alderson, interpretado por otro desconocido: Rami Malek (The Pacific, Medium).maxresdefault (1) Él está cansado del mundo en el que vive, es introvertido, casi asocial, solo se conecta con la intimidad de las personas hackeándolas, observando sus obsesiones y perversiones (que siempre están). Trabaja en una compañía de seguridad informática (Allsafe) que parece ser lo único que lo incluye, que lo hace formar parte de algo. El universo en que se mueve gira en torno al emporio E-Corp: todo lo que consumís, ganás, pensás, todo, es de ellos. Elliot vive colgado, es adicto a la morfina, pero es brillante; el mejor ingeniero de Allsafe, y el tipo encargado de salvarle la vida a la madre de las compañías de un grupo de anarquistas virtuales autotitulados FSociety. Un dilema crece adentro de él, ¿es el momento de romper con la parsimonia parasitaria? ¿cuál de todos los Eliot actuará? ¿qué es real y que parte de la paranoia recurrente? Ahí es donde aparece Mr Robot.

Un robot venido a menos pero inoxidable

Cuando los productores lanzaron la publicidad de la serie, la venta decía, en más o menos palabras, la “reivindación de Christian Slater”, ¿Es en serio? ¿El muchacho de El Nombre de la Rosa, el periodista de Entrevista con el Vampiro, el mismo que estuvo añares pululando en producciones de cuarta? Sí, y queriéndolo o no, Slater deja translucir en su rol de Mr. Robot un líder gris – vestido como ferreterro – complejo, pero lúcido, de una asociación de hackers con aires conspirativos que tienen un único y no menor objetivo:´acabar con el regimen del sistema financiero; para eso deben atacar a su reina madre, “Evil Corp” (así la llama Elliot en su mente). Un grupo de freaks, que parecen haber salido de una convencion de comics, oficia del ejercito alineado a Mr. Robot y cuya pieza clave será Elliot. Destacada labor la de Darlene (Carly Chaikin), quien como “lolita del suburbano”, aparece como un estímulo enigmático para Elliot y se transformará en la indicada para dar un giro total en la cabeza de nuestro protagonista; pero el contrapunto vital de la serie sin duda es Tyrell Wellick. Entre psicópata y “enfermito”, es el vicepresidente tecnológico de Evil Corp, él, al igual que Elliot, también es corrido por la venganza (aunque aún no sepamos bien por qué), y hará lo posible por ser amo y rey de la firma, aunque ello implique hacer correr sangre, semen y mucho sufrimiento en todo aquel que se ponga en su camino. Él es el rollo negativo de Elliot, su ángel oscuro pero también su contraparte necesaria.

Wellick

Los ideólogos de Mr. Robot parecen querer subsumir el espectador en la confusión propia de quien ve como héroe a alguien que no está dentro de sus cabales. La locura a veces es clarividencia, y eso es una receta que Esmail parece haber aprendido harto del cine de David Fincher, en especial de Fight Club, cinta la que la serie rinde pleitesía en proporciones abundantes (incluso la recordada canción Where is my mind de Pixies está presente). Pero sería un error ubicar a Mr. Robot en el mero rótulo de “serie sobre hackers”, es más que eso. Es una proyección de la lucha por el poder; una trama de venganza contra las raíces, resentimiento; es la lucha por construir una propia identidad. Podemos ver lapus mentales que nos recuerdan a la violencia fílmica de Taxi Driver o la más reciente V de Vendetta y sus secuencias de diálogos border, pero Mr Robot tiene vida propia y no teme escupir a la realidad para traspasar la pantalla.

Más extraña que la ficción

En noviembre de 2013, la justicia norteamericana condenó a Jeremy Hammond a 10 años de prisión. El joven, oriundo de Chicago y activista político desde la secundaria, fue el encargado del hackeo contra la consultora de seguridad internacional Stratfor Global Intelligence, que vulneró sus líneas de seguridad y filtró cientos de correos electrónicos entre la firma y sus clientes a través del portal Wikileaks. Enrolado en el grupo de hackers Anonymous, Hammond había sido uno de los más activos durante el ataque por la censura en la Primavera árabe. De caracter depresivo y recurrentes divagues existenciales, terminó siendo vendido por su par de Lulzsec (grupo de terroristas virtuales) Hector “Sabu” Monsegur, viejo y querido informante del FBI. El ataque cibernético contra Sony en 2014, las polémicas en torno a los servidores Megaupload o The Pirate Bay, el escándalo Wikileaks que aún mantiene cautivo a su director, Julian Assange, en la embajada ecuatoriana en Londres; son evidencia de que Mr. Robot es el presente; el mundo que nos circunda hoy, el que nos espia, delata, vigila, apresa. Eso que tiempo atrás veíamos como ficciones propias de un imaginativo Aldous Huxley, hoy son los tentáculos del sistema neo financiero que ha cambiado armas por cifras y variables.

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Un final tachado con lapicera

El final de la primera temporada, luego de ser reescrito – según cuenta la producción por las similitudes con el asesinato contra una periodista en Virginia (EE.UU.) en pleno reportaje -, cierra con parte de la revolución conseguida. Elliot lo hizo posible. Baja del auto de Tyrell, baqueteado como pocos, como si hubiera estado drogado por una década; parte de él aún no lo entiende, pero otra sabe que sí, que todo está colapsando. Por otro lado, Wellick – complice de Eliot en el golpe a “Evil Corp” – luego de ser acusado del asesinato de la esposa del flamante director tecnológico de la firma, desaparece, no hay rastros de él. En el caso de Ángela, tras ceder su denuncia ante la tentativa oferta de la compañía, se encuentra en una transición: la amiga boba de Eliot ahora empieza a saborear las alturas del poder, ¿juega a dos puntas? Parece saber que a veces para golpear hay que hacerse el perro mojado por un rato y esperar el momento adecuado. La épica escena final que nos hizo recordar a Eyes Whide Shut (1999) de Kubrick; el oscuro White Rose, quien parece clave en esta segunda temporada y muchas preguntas a una respuesta que parece haber sido dada, pero que no es la definitiva, serán puestos en juego en las próximas semanas.

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