Cam Beszkin: “En los vínculos los demonios tienen que ser compatibles”

Published On September 17, 2016 | By Martin Velazquez | Criticas de discos, Entrevistas, Musica

La cantautora viene presentando desde abril su tercer y último disco Enamorar o Morir. Continuando el formato power duo y con Arnaldo Taurel en batería, Cam nos ofrece su visión del horizonte del disco, su evolución musical y el rol de la mujer en el rock.

 

Si bien el amor es contingente, particular e imperfecto. Los tiempos de la modernidad y sus múltiples canales de encuentro parecen arrastrarnos a pensar las relaciones como actos de consumo provistos en góndolas, en donde el recorrido por la mejor oferta termina siendo eterno y el encuentro con el otro, fugaz. La cultura japonesa rescata en el concepto de wabi sabi la revalorización estética de lo modesto, imperfecto, e incluso de la fealdad. La iniciativa de amar suele estar sujeta a condicionamientos y prejuicios que minan nuestros deseos. Es por eso que nuestra voluntad debe saltar sobre ello: autenticarse. En Enamorar o Morir, Cam Beszkin pone sobre el tablero nuestros sentimientos y nos empuja, en jaque, a arrojarnos sobre el destino. Tras un inicio minimalista en Andaba Cruda (2008) y una insurgencia rockera en Este amor ya no es para tanto (2013), la cantautora reafirma su apertura sonora en su tercer trabajo en solitario – junto al baterista Arnaldo Taurel – que traza una postura potente pero conciliadora de estilos en los trece cortes que recorren el disco.

 

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Portada a cargo de Luis Chanetón sobre foto de Flor Barrabino

 

 

Entre el afán creativo y los proyectos que cruzaron y amainaron el camino de Cam (The Monkeyness y Verne), Enamorar o Morir encontró su nicho entre el estudio El Pie Recording y el Estudio Quark en octubre del pasado año. “Aunque sea un proyecto solista, el álbum suena a banda, porque hay un equipo de trabajo detrás”, comenta Cam sobre un proceso que incluyó la sapiensa de Sergio Álvarez (ex Porco) en la producción, la mezcla de Facundo Rodríguez, el trabajo audiovisual de Lucía Vasallo (ideóloga de los clips Enamorar o Morir y Pisco Blues) y el arte de Martina Galarza, entre otros. Presentado en abril del presente año, el tercer trabajo larga duración de Cam Beszkin evade los refugios de la monotonía pero mantiene en cada canción un aura personal e íntima, ciertamente reconocible.

 

Un instinto vital

 

“¿De ese poquito que tenés vas a andar jodiendo?/ Fingiendo que algo anda bien”. El arranque del álbum deja en claro desde el principio que las represiones no forman parte de su esencia. Una guitarra bien alta que rasga sobre los golpes secos de Arnaldo, que se funde y mimetiza en una cadencia templada pero siempre potente. A continuación, “Del latín: Mortualia”, amaga ribetes tangueros sobre una base cargada de densidad y aspereza. El corte que da nombre al disco se muestra punzante, con colores alternativos, ganando en desesperación y crudeza: “Expresión o implosión/ Basta de sobrevivir”, pide una voz que sangra honestidad. En “El Propietario” la carga melancólica crece, aunque sin abandonar la fuerza instrumental, en un corte que se planta ante la prepotencia machista: la desnuda. “Mi casa mi nena” es un punto alto, con una voz más que cómoda, que juguetea y se apoya en la aceitada simbiosis de Beszkin y Taurel ; que exhorta a “amar el intento”, en palabras de su autora. El punto de quiebre lo marca “Ciertas Cosas”, en un ida y vuelta de guitarras con Sergio Álvarez que nos envuelve en una letanía de resignaciones. Luego, un sonido turbio aflora en “Pisco Blues”; entre la angustia y la paranoia, el sonido recrudece y alienta al descontrol. El tramo final, tras un diáfano pop rock en “Reset”, la energía de Enamorar o Morir vuelve a prevalecer en “Como un susurro”, donde una voz plegadiza a las sensaciones ofrece un último intento: “Querría hacer de tu infierno algo más bello”.

 

Solés hacer mención de la espontaneidad de tu música, como una expresión del momento que te toca vivir. ¿Dónde te encontró Enamorar o morir?

 

Estaba pasando por una relación sentimental muy complicada, una etapa de desconocimiento sobre mi misma. Me encontraba en lugares donde no me reconocía y ésto me llevó a hacerme un montón de preguntas. El disco expresa un poco eso; en canciones como “Reset” se refleja ese momento de autoboicot a veces tan cotidiano. Son momentos que surgen de vez en cuando, consciente o inconscientemente, y considero que son lugares de aprendizaje.
Fue muy importante hacer el disco porque, cuando atravesaba ese lapso, la música era lo único que no daba de baja, un cable a tierra. Mi forma de componer es haciendo catarsis. Me “pasa ésto” y lo expreso; trato de darle un lugar mediante la música. Eran días en que llegaba a casa después de alguna de esas situaciones y, como instinto de supervivencia, agarraba la viola. Era como una necesidad, una urgencia de canción.

 

Yendo desde tus inicios hasta el presente, hay una distancia sonora y emocional importante comparándolo con tu debut, Andaba Cruda. ¿Cómo viviste esa transformación?

 

Andaba Cruda salió casi como un ejercicio. En ese entonces yo estaba estudiando bajo y esa experiencia me llevó a grabar al Estudio Casa Frida, pero no era el plan editar. La idea inicial no era hacer un disco sino únicamente vivir la experiencia del estudio.

Además, era chica para ese momento (2008), tenía sólo 21. Lo cierto es que la grabación resultó una experiencia muy positiva, terminó siendo un disco con un montón de situaciones y colores particulares. Como curiosidad, editar un primer disco de forma solista y no con una banda fue un buen puntapié. Asimismo, cuando sacás tu primer disco tenés el pie para sacar algún otro material, pero antes a eso, nunca parece haber un buen momento de hacerlo.
No era un disco con canciones que haya estado tocando por años, fue casi un experimento del momento. Después de grabar y editar un disco inmediatamente dejo de escucharlo; trato de dejar libre la cabeza para no quemarla. La canciones ya vienen siendo trabajadas desde hace mucho tiempo: compuestas, arregladas, grabadas, editadas, mezcladas; vienen con una larga historia. Trato de olvidar los temas a propósito, para después poder escucharlos de forma más objetiva. Por el momento, las re-escuchadas de los discos siempre fueron buenas sorpresas.

 

Revisando algunas de las composiciones como Mi casa mi nena, Shockroom o el mismo Enamorar o Morir, hay una crítica profunda sobre el concepto del idealismo en el amor. ¿Es la idea que engloba el álbum?

 

Es muy importante y hago mucho hincapié en la aceptación. Sin caer en la ingenuidad, tiene que ver con poder mirar y no querer modificar todo a nuestro antojo, sino tomar lo que viene como realmente es. Enamorar o Morir refiere bastante a esa temática. Burdamente dicho, puede parecer un todo o nada y algo de eso hay. Si vamos a hacerlo, que sea a fondo, sabiendo que nada es perfecto y todo caso lo será por sí mismo mediante el amor que uno le vaya poniendo. Y cuando no de para más, hay que dejar de estirar y hacer de todo una babosa. Hay que morirlo, pero como algo positivo; no seguir con algo cuyo camino no coincide ya con nuestro deseo. Morirlo para poder enfocar nuestras energías en lugares más acertados, ciertos y genuinos.
Ya lo habías mostrado en Este amor ya no es para tanto, y también en tu banda Rie, pero este disco, ¿es la reafirmación de un sonido power rock con el que ya te sentís identificada?

 

Sí, este disco es una reafirmación. Jugamos como si fuera un vinilo, donde “Ciertas Cosas” hace las veces de separador entre lado A y B. La segunda parte del disco quizás es más alternativa: está “Como un susurro” que es rockero, “Reset” es más pop; “Construyendo belleza” cercano al blues, y “Corazonotomía”, sin duda la balada del disco. Nos han dicho en alguna nota que somos un “power trio”, aunque seamos dos, y en algún punto es buenísimo porque habla de cómo suena el disco: poderoso. Es el sonido y formato que más me gusta y más comodidad me brinda. Si bien a veces toco las canciones en su versión acústica, sola, siempre voy a optar por el power duo eléctrico.

 

Apareciste en la escena musical tocando el bajo, grabaste un disco, y en este último tiempo se te identifica como guitarrista, ¿con qué instrumento te sentís más cómoda?

 

Yo soy compositora. Puedo agarrar el piano y comenzar una canción desde ahí, también con el bajo o la guitarra. Por eso, quizás, sea tan cambiante el sonido de mi música. Cada instrumento y nueva propuesta me abre nuevos caminos a la hora de componer. No me da miedo cambiar, me parece super nutritivo. Es distinto adaptar una canción a ciertos instrumentos que componer libremente desde lo que va surgiendo con un instrumento determinado. Soy de las que prefieren fluir con lo que propone el momento, el instrumento, o lo que la situación vaya generando.

 

¿Qué tan importante fue trabajar junto a Sergio Álvarez en la elaboración de Enamorar o Morir?

 

Fue muy importante. Es mi profesor de guitarra. Muchas de las canciones del álbum las vimos en clase. Igualmente, fue muy respetuoso y, aunque intervino como productor, cuando hubo que hacer cambios desde la composición se mostró abierto y cuidadoso en respetar los temas. Su antigua banda, Panza, siempre fue de mis preferidas, por eso no dudé en confiar en él. Lo que le dije es que quería continuar con el power duo, sin meter demasiadas cosas en el disco; que haya una línea de sonido parecida al vivo.

Siento que Enamorar o Morir es el resultado de un gran trabajo, donde intervinieron muchos amigos. Se armó un grupo casi familiar: Sergio, Arnaldo y Facu Rodriguez, que ya habían trabajado juntos antes; Lucía Vasallo, la directora de los vídeo clips; y quienes se encargaron de la gráfica: Flor Barrabino, Luis Chanetón y Martina Galarza. Todos amigos talentosos a los que admiro mucho y con los cuales fu un gusto trabajar en este álbum. Creo que por eso se siente más a banda, a unidad, que a una solista.

 

Hay muchas comparaciones de tú música con otros artistas nacionales e internacionales, pero no se advierte que te hayas pronunciado sobre tus influencias directas. ¿Cuáles son si es que las hay?

 

Es todo un tema, cuando me preguntan no se bien qué contestar. Escucho casi todo sin ser fan de nada. La música no giró mucho en mi familia. Sí mi hermano, que no es músico pero sí un melómano. Con él incursioné en el rock con Nirvana, Guns’n Roses y demás bandas. Pero nunca escuché demasiado de algo. Cuando comentó que hago rock, me preguntan ¿Como quién? Es difícil de decir. Les aconsejo que primero me escuchen y que después comenten a qué les pareció. 
Me han comparado con PJ Harvey, tal vez por el concepto de la solista rockera, y también con Pez. De afuera sí, escucho a PJ, también a Placebo y Depeche Mode; de acá a los Monstruo!, Ave Tierra y Ciruelo, pero no creo que influyan directamente en mi música. A su vez escucho folklore, incluso me divierte la cumbia. Todo tiene algo que aportar, tiene que estar mal tocado para que no te deje nada. De todas formas, me quedo con las sensaciones que las distintas músicas me van dejando.

 

Hubo un avance significativo de la mujer en el rock aunque, es cierto, aún reflota una resistencia machista que salió un poco a la luz estos últimos años, primero con los abusos y luego con declaraciones como la de Gustavo Cordera. ¿Cómo ves vos este momento de la mujer en el rock?

 

Se le fue dando más lugar sí, pero el machismo se mantiene igualmente. Como música me he sentido maltratada en reiteradas oportunidades por hacer rock; creen que voy para hacer los coros. Muchos se sorprenden después, del hecho de que una mujer pueda cantar, gritar y componer temas rockeros. Hay un cambio social que posibilita que haya más mujeres en la música en lugares de poder, pero falta un montón aún. Por poner un ejemplo, cuando una banda tiene una baterista mujer sigue llamando la atención, y se hace mención de ello. Me parece increíble que siga sucediendo. Ni hace falta decir que en las grillas de festivales hay una cantidad enorme de bandas de sólo varones, llamativamente mayor a cualquier otras posibles formaciones.
Con lo del machismo se pone en evidencia una situación que las mujeres venimos aguantando desde hace rato. Lo de Gustavo Cordera no me sorprendió, esa es su esencia y lo demostró siempre en cada una de sus entrevistas. Pero por suerte algo esta cambiado de a poco, y algunos no se dieron cuenta aún que no pueden decir las barbaridades habituales en los años noventa.

 

Tocás una vez por mes en lugares pequeños, salvo por tu presentación, compartiendo escenario. Por otro lado, los grandes medios, principalmente en radio, escasean de nuevos artistas. ¿La difusión es hoy la principal compejidad del músico independiente?

 

Es lo más difícil siempre para cualquier músico y siendo solista lo es aún más. Ahora ya no basta con hacer buena música, ensayar mucho y sacar un gran disco. Necesitas material audiovisual, vídeos, videolyrics, fotos de acá y de allá, conseguir notas, repartir discos; y lograr llegar a oídos de la gente no es nada fácil si tenés en cuenta que hay una oferta de música y entretenimiento enorme.

Por un lado, te interiorizás en un montón de rubros, pero por otro, te saca de tu eje que es la música. Igualmente, cuando tenés personas que se copan con lo que hacés y te acercan una mano, se hace mucho más llevadero. A veces se siente inabarcable todo lo que hay que hacer, pero de a poco el camino se va construyendo. No hay una fórmula, hay que ponerle amor, seguir haciendo y tener paciencia.

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