CANAL 46: Fiel a la espera de no esperar nada

Published On August 2, 2016 | By Martin Velazquez | Criticas de discos, Entrevistas, Musica

La banda punk de San Juan presentó en junio pasado su quinto larga duración: Alien Vos, donde amplían sus horizontes musicales desde una región en ascenso. Diego Escobar, guitarra y voz, nos describe el hoy de la escena cuyense y las vicisitudes de un género que ha perdido algo de terreno.

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 Foto: Facebook/Canal46

Eran las diez de la noche en la Casa Fantasma, uno de los refugios centrales del rock sanjuanino, donde las bandas locales ensayan largas horas, tocan para muchos (o pocos) amigos y vecinos; donde viven como mejor prefieren, y eso basta. El “Tortuga” (Nicolás Márquez) y el “Pancracio” de No ser Uno Más y Khaos, respectivamente, estaban aún dentro cuando alguien golpeó de repente la puerta. “¿Quién es?”, preguntaron y, al abrir una rendija, vieron a un hombre y dos niños que se asomaban en la casa con bastante curiosidad. “Vengo siempre a escuchar música y les cuento a mis hijos. Ellos querían conocer el lugar donde tanto tiempo paso”, dijo el insólito hombre. Al atravesar el pasillo: los flyers de fechas; los numerosos afiches de las bandas y tantas notas con listas de canciones sobre las paredes impactaron en la vista de los chicos. “¿Se puede dibujar?”, dijo sin timidez uno. Inmediatamente, agarraron unos marcadores y empezaron a hacer lo que todo niño, en su infancia, ha hecho pero que, en este caso, no traía ningún reto ulterior. Sobre una de las paredes, había quedado marcada una figura extraña: de ojos saltones, cráneo ovalado y dientes cuadrados; era un alien y era muy particular. Días después, en un noche de alcohol, a alguien (Emilio Camilleri) se le ocurrió agregarle una frase: Alien Vos. Como si ese espécimen le escupiera en la cara al humano promedio. “Eso hizo que terminara de cobrar sentido, ahí creímos que no era descabellado pensarlo en la tapa de un disco”, cuenta Diego. Alien Vos, hasta ese momento, solo era una imagen infantil sin siquiera tener un corte definido, pero el trabajo en conjunto de los amigos de la banda y de infernales horas de ensayo dio lugar a este último disco de Canal 46. Un proyecto ampliamente superador de todo lo que los sanjuaninos venían haciendo, y que expone la maduración e influencias que nutrieron este último tiempo al cuarteto. “Creo que el hombre ni debe saber que la tapa de nuestro disco es el dibujo de su hijo”.

Grabado y masterizado en el Estudio El Bonsai Record por Rodrigo Collado entre diciembre de 2015 y mayo del presente año, Alien Vos es el resultado del trabajo infinito en la Casa Fantasma y la colaboración de muchas manos amigas, como ya es habitual en tierra sanjuanina. Germán “Germen” Moreno (voz/bajo), Martín “Martes” Bustos (guitarra), Diego “Diegolancha” Escobar (voz/guitarra) y Santiago “Monoblock” Lage (batería) – quien debió fijar otro rumbo y fijar residencia en Buenos Aires, dejando actualmente el lugar a Gonzalo “Niño Mono” Molina (Fungis) – ofrecen diez canciones diversas pero con el espíritu habitual.

“Hongos” arranca con una textura barrosa pero rabiosa de guitarras que, en su inicio, hace alusión a una canción de Ex Dealer (Campo de Neu! De Ciclotimia) en busca de complicidad regional. “Hay cosas que solo quiero sentirlas, no andarlas diciendo/ Hay cosas que las tengo que decir para ya no sentirlas”, termina, humanamente, contraponiendo. Con “Hombres feos y débiles” hay un contraste entre cierta clima de burla y un estribillo denso, sórdido, que se conecta con un pasaje de jugueteo de guitarras. Por otro lado, “Práctica Interna” expone una introducción de búsqueda hasta encontrar la explosión, en una voz ajetreada que recuerda a Jim Lindberg de Pennywise: “Y que es verdad que no es verdad/ Puta tendencia de apuntar/ Del extremo idolatrar”. En el caso de “Ambiguedad/ tribulación” hay un tono de canto de barricada pero con una atmósfera más pop, sutil. En “Cariátide”, los Canal se desligan de ropajes distorsivos y apelan a la canción limpia, la pura melodía que, no por eso, se muestra menos cruda y sincera. “Ayudennos a ser solo sonidos que están en vibración / Viviendo una canción, muriendo”, se despojan como hojas secas los sanjuaninos. En el final, “Los detractores” combina el mejor hardcore del cuarteto con nuevos matices más cercanos al shoegaze, en un tema que se va desarmando y recuperando con mucha naturalidad y sin perder atractivo.

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Foto: Facebook/Canal46

¿Cómo empezó el germen del disco a sabiendas de que no había pasado tanto tiempo desde la salida de Asado con Bowie? ¿Fue un proyecto que rebuscó canciones que habían quedado colgadas de tiempo atrás o se pensó algo nuevo?

Alien Vos fue completamente de cero. Terminamos Asado con Bowie y, como siempre pasa, nos quedamos con ganas de seguir componiendo. Además, cuando sale un disco, los temas ya están bastante ensayados y vistos; por eso cuando finalmente se graban hasta parecen un poco viejos. Eso no significa que se descarte algo, pero sí te alienta a crear algo nuevo. Entonces, ni bien salió el anterior disco, nosotros continuamos con la idea de tocarlo pero alertas por si salía algo nuevo de tantos ensayos. Quizás el anterior álbum tenía temas que habían quedado vagando, pero con Alien Vos fue empezar sin nada. Primero, la idea era que fueran seis canciones nada más, pero finalmente quedaron las diez definitivas.

En los inicios de la banda había una mayor cuota de humor y delirio en als canciones, pero con el paso de los años, y acentúando en estos dos últimos discos, Canal 46 fue bordeando composiciones de caracter más existencial, que aluden al hombre contemporáneo. ¿Fue pensado ese cambio de enfoque o tiene que ver con el crecimiento eprsonal de cada uno de ustedes?

La banda y el entorno notaron lo mismo, pero no fue propuesto en ningún momento, tuvo que ver con el crecimiento – algún tipo de tal – pero que no afectó al humor de la banda, que es algo ya natural en nosotros: el chisterío, la boludez; es una particularidad que siempre nos unió como banda. Tiene que ver con esa filosofía de no tomarse tan en serio las cosas. En estos últimos discos hubo un cambio en la forma de escribir, pero dentro del mismo sentido, es decir, los tópicos que tratamos pueden ser iguales, la diferencia es que antes podía ser mas burlesco el abordaje y ahora se muestra más analítico. A su vez, hay situaciones por las que pasa cada uno de nosotros que han disparado muchos de los temas a escritos.

Alien Vos, comparándolo con el más próximo Asado con Bowie, tiene una tonalidad de mayor oscuridad, un sonido más espeso y una estructura menos monótona; al menos así lo muestra “Hongos”, “Práctica Interna” o “Los Detractores”, ¿cómo describirías el sonido del disco? ¿Fue un cambio rotundo de lo que venían haciendo?

Es verdad que es más oscuro: hay pasajes densos, librados más al azar que la tradicional estructura de estrofa – estribillo y segunda vuelta. Dejamos la batería sonando y tocamos libres; quizás seis vueltas, a veces ocho. Nos liberamos de esa cadencia habitual; eso fue producto de la zapada, aunque también tuvo que ver el contexto particular de tener una casa que alquilamos entre todos – junto a otras bandas – y en la que disponemos de todo el tiempo posible para ensayar. Antes no componíamos de esa manera, cada uno llevaba un tema y lo armábamos en conjunto. Con Alien Vos casi todos los temas surgieron así: de un riff de zapada. Por eso, quizás llame la atención cierto “cuelgue” en los temas. En las letras también se ve reflejada esa oscuridad. Las de Germán: Practica Interna o Los Detractores, por ejemplo, son muy personales y e internas; eso se tradujo directamente al sonido de Canal 46.

En los años noventa hubo una explosión por el género punk; surgieron cientos de estilos periféricos, bandas que hacían otra música y se animaron a hacer punk, entre otras situaciones. Esta última década parece estar ocupada por otros estilos como el indie, el stoner o el noise, y el punk aparece más constreñido, dirigido a un público específico al igual que el metal, ¿cómo vive Canal 46 este momento del género?

Siempre van a ir cambiando las tendencias u olas en cada época. En los noventa estaba todo dado para el punk fuese lo que fue, ahora la música independiente lo es todo. Si bien siempre hubo una movida under, actualmente es mucho más fácil realizar cosas en la música. Con el noise, lo que puede pasar es que las bandas, al grabarse a sí mismas, noten un ruido que potencie el sonido de su música; es algo que se fue mamando en estos años. Igualmente, el indie o el noise, son procedentes del propio punk: un “post post punk”. A nosotros nos pasa también. De algo más monótono en nuestros inicios llegamos a este sonido actual con cierta pizca de psicodelia; son ramas que fueron abriendo en el punk. Por ejemplo, en el caso de Los Tirapiedras, siendo hardcore, también notás algo distinto y, quizás inconscientemente, ellos crearon un nuevo estilo. Además, las redes sociales también terminan influyendo: el hecho de poder armarte una canción desde tu casa y compartirla al mundo; esa crudeza con que fue grabada puede terminar expandiéndose. Hay que hacerse cargo del sonido actual.

Cuesta, al menos en Buenos Aires, encontrar nuevos protagonistas del punk o hardcore; uno termina conociendo alguna agrupación al verla teloneando a las bandas que dese hace décadas vienen sonando como Cadena Perpetua, Expulsados, Bulldog, entre otras. ¿Cuáles sienten ustedes que son esas bandas contemporáneas que renuevan el género y que están por dar ese salto al primer escalón?

Esa situación de falta de recambio pudo darse al no haber, durante tiempo, espacios para poder tocar o por las preferencias del público. Quizás pueda darse el hecho de ver una banda teloneando y empezar a seguirla. Pero, más allá de eso, hay un mundo abajo que está a full. De toda la vida hemos viajado a tocar a Buenos Aires o Rosario, y hay una movida enorme: algunas agrupaciones ya dejaron de existir pero otras permanecen. En Buenos Aires, somos amigos de Hoy Dormís Afuera, que volvieron hace poco y nos ofrecieron tocar ahora en octubre. Lo particular es que el show se va a hacer en una sala de ensayo; en vez de buscar un bar pensaron en armarlo ellos, invitando directamente a la gente. Eso es lo real en persona.

Nosotros tocamos en nuestra casa los fines de semana, en el living. En Córdoba están los Cabeza de Tormenta, que hacen lo mismo que nosotros. Hoy se mueve todo en un mundo subterráneo, sin tantos flashes. Ahí entran en juego las redes sociales. Y eso es todo. Cuando vinieron los Dos Minutos a San Juan – que nos encantan – ni nos avisaron ni tampoco preguntamos. No se logra nada con que te vea gente que en realidad quiere ver a otra banda. Prefiero tocar para 50 personas apelotonadas en una pieza y que la pasen bien. El sueño de presentarse en un estadio llenó ya fue, son paradigmas viejos, no se compara con sentir la vibración del bajo sobre tu pecho.

El tema Pantera Rosa parece aludir a la historia particular de algunos de ustedes, ¿es así o en realidad es un símbolo de la infancia de un chico en San Juan?

Pantera Rosa es una letra mía. Particularmente sí, es mi infancia. Son situaciones que me fueron pasando, de las cuales quise hacer como una foto de ella. Surgió de ver un día Jurassic Park, una película que formó parte de mi crecimiento, al igual que Los Simpson, así nació. Seguro que tiene que ver con un niño creciendo en un barrio de San Juan: las siestas; el salir a la calle, dar la vuelta a la manzana; el sol; todo. Puede que sea mi infancia, pero seguro que a casi todos les ha pasado. Aparte, define también quien soy. Le puse Pantera Rosa por una historia que siempre me contaban: cuando era chico fui con mis padres a una juguetería y había un helicóptero que se colgaba del techo, con una tanza larga y hacía mucho ruido; también había unos camiones. Pero yo no quería nada de eso. Me gustaba una Pantera Rosa parada sobre una pared. Era de goma y medía cerca de diez centímetros. Ellos me intentaban convencer de que lleve un auto, pero yo quería a la Pantera Rosa, ¡Cómo no quererla! Finalmente me la terminaron comprando. Esa anécdota, al igual que aquella que cuenta como mi abuela me regalaba cosas de River, ilustra mi infancia y mucho de mi personalidad.

¿Qué es aquello tan atractivo que ofrece la escena de Cuyo que se ha transformado en este último tiempo – aunque se reconoce la movida de los noventa – en un semillero muy importante para el rock actual y una parada inevitable de las grandes bandas?

Hace diez años estaba todo un poco adormecido. Fue un bache grande que involucró muchas situaciones, como la falta de lugares. En un momento eso tenía que explotar y creo que ahora esta pasando, y de una manera grande. En San Juan, también en Mendoza donde vamos seguido, decimos que no hay que mirar para tal lado o llegar a determinado lugar. Hoy se trata de hacer un trabajo sincero, y al que le guste y nos quiera acompañar, mejor. Están surgiendo grandes bandas nuevas, y otras que ya venían tocando de hace mucho pero que ahora se han estimulado, y eso se está notando. Que eso se vea desde Buenos Aires es genial.

Tenemos un compromiso real, no es un simple pasatiempo de agarrar una guitarra; somos parte de la música actual y nos hacemos – humildemente – cargo. Desde acá, en Cuyo, las bandas empezaron a decir: mirémonos a nosotros. Y eso pasa, nos influenciamos entre todos. Con Canal 46 llevamos 12 años desde que agarramos por primera vez una viola, pero en ningún momento frenamos; aunque hubiera momentos en que parecía que a nadie le gustara. Y la idea es seguirlo haciendo, hasta que sea humanamente posible. Esa perseverancia, más nuevas inspiraciones de bandas recientes y de viejos músicos reinventados, hicieron que la escena crezca, y es una bola de nieve que va cayendo. Hubo una consciencia colectiva de mirarnos nosotros como región y de centralizar. En Córdoba pasa lo mismo, también en Buenos Aires a un nivel subterráneo. La música independiente es el nuevo paradigma y la vara se mide de otra manera ahora.

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