Clan 71: La libertad del caos

Published On June 13, 2016 | By Martin Velazquez | Criticas de discos, Entrevistas, Musica

El trío de zona oeste está en plena presentación de su opera prima: Caótico. Hablamos con Gianfranco Pino, voz y guitarra, de los inicios de la agrupación, la génesis de sus canciones y las corrientes actuales del rock.

 

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Foto: Por Giuliana Tevez en Circus

Para la mitología griega el caos es el estado inicial de todo el cosmos. Una infinita posibilidad de variabilidades provocada por una ruptura entre el cielo y la tierra. Ser caótico implica ser impredecible, poder romper esquemas que buscan ordenar, domesticar y sistematizar. En 1971, los biólogos Humberto Maturana y Francisco Varela irrumpieron el ambiente científico con la teoría de la autopoiesis, ésta exponía, en líneas generales, la posibilidad de que los organismos vivos continúen produciéndose a sí mismos a través del tiempo. En sentido amplio, reinventarse es natural a cualquier disciplina, más si ello implica blandir prejuicios y aprender de sí. Cada escalón fue brusco pero necesario en la corta vida de Clan 71: de cuarteto a trío: Gianfranco Pino (voz/guitarra), Alexis Jerez (bajo/coros), Eric Limardo (batería);  entre las calles de Ituzaingó al corazón de La Matanza (Rafael Castilllo); con canciones que supieron ser coreadas en el colegio y, años después, fueron subidas a los escenarios bonaerenses en carteles compartidos con bandas como Bigger o Utopians. Luego de un EP a puro pulmón en 2012, finalmente su primer larga duración está sonando. Grabado en el Estudio Humano entre mayo y agosto del año pasado, y masterizado por Ezequiel Morfi en Estudio Titanio, Caótico es el producto de largas horas de ensayo y suelas gastadas en el circuito alternativo. Proyectando una promisoria carrera a temprana edad, y lejos de lugares comunes o tendencias gastadas, Clan 71 es de esas bandas incómodas, inquietas, dispuestas a romper y volver a empezar, pero nunca a declinar.

“Cielo Gris” es una estampa de la energía de la banda; riffs potentes, cambios de ritmo y estribillos melódicos acompañados por coros. Melancolía con bronca es una interpretación válida, casi desesperada, latente en sus letras pero también en su impronta musical: “Dejaré tus fotos en mi cielo gris para poder despertar y asi llenarme de vos/ Para poder volverte a ver/ Y en tus sueños renacer”. Con “Cuanto Vales” hay un hiato de respiro en el sonido de Caótico, con mayor lucimiento del bajo y la batería, sobresaliendo en el final, el tema ahonda en la endeble construcción del valor que nos circunda. Meteoritos bien podría ser un corte de difusión del álbum, directo, ágil, en un muteo que va construyendo la explosión. Sin duda, “La Noche y Yo” es un punto alto, lograda química en los instrumentos para romper en un riff “poguero”, aunque siempre resguardando la melodía de la voz que, entre rabia y angustia, desprende: “Me quedará la pena de este corazón/ Que sintió tanto dolor/ Al ver que te llevás mi vida”. Por la mitad del álbum, “Ave de calor” expresa un trabajo minucioso que parece identificarse con el estilo último de Clan 71: la introspección como motor de fuerza. Entre “Valijas con heridas” y “Desvalidos” está la esencia del disco. La primera, de corte más punk, resquebraja los falsos valores de la familia; la última, teñida de matices más alternativos, explora acordes oscuros y se escabulle en las fragilidades internas: “Detrás de cada línea de llegada hay una partida/ Detrás de tus rencores se encuentra mi felicidad/ Lleva más tiempo el hablar del que lleva imaginar”. Por último, “Agujas de tu reloj” respira mayor nostalgia, en un posible guiño de arreglos al “Time Of Your Life” de Green Day; y con un hidden track que bien podría convertirse en un canto de hinchada.

 

Gianfranco Pino atravesó varias formaciones de la banda hasta dar con el sonido final de Clan 71. Hoy ocupa su tiempo entre el conservatorio, el curso de luthier y la composición del que será el sucesor de Caótico.

 

 

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Foto: Giuliana Tevez/ Facebook Clan71

Leí en el perfil de la banda que hay canciones que las compusiste con apenas doce años, ¿desde esa edad ya visualizabas que querías formar un grupo de rock y tocar tus propios temas?

 

Sí, siempre quise tener una banda y llegar a algo importante. Las canciones fueron producto de mucho trabajo, es la selección de lo que creí mejor de todo lo que hice en ese lapso. Sin embargo, como banda, nos identificamos más con canciones como Desvalidos, Meteorito o Cielo Gris, que fueron las últimas que hicimos y tienen un rasgo de mayor fuerza. Incluso las que ahora estamos componiendo, tienen más potencia aún. La particularidad es que nos sentimos ‘pesados’ para ser una banda tranquila, pero a su vez no nos identificamos con el metal. Ahí nos encontramos. Fuimos construyendo nuestro estilo, y todavía estamos en esa búsqueda.

 

¿En qué pensabas cuando te ponías a escribir de tan chico, y cómo eso, años después, pudo ser interpretado por los otros integrantes de la banda para materializar las canciones definitivas del álbum?

 

Jugaba mucho al fútbol de chico, hasta que en un partido me quebré y estuve varios meses solo con la guitarra. Al principio, quizás, eran canciones de rebeldía, fue una manera de llamar la atención en los demás. Pero cuando compuse Ave de Calor sentí que algo cambió en mi manera de hacer canciones, fue como sacar algo de adentro, más filosófico. Hoy, suelo levantarme a la madrugada con alguna idea y ponerme a tocar en ese momento. Tengo muchas anotaciones que luego las voy juntando. Al resto de los chicos les muestro mis grabaciones y ahí decidimos que es lo mejor para seguir adelante. Pero todo es natural, no queremos forzar la creación de nuevas canciones.

 

Cuando se presentan en las redes sociales, marcan entre sus influencias a bandas como Foo Fighters, Oasis y Nirvana, entre otras; en esa búsqueda de estilo que mencionaste, ¿si hoy te pararas dónde ubicarías a la banda a nivel sonido?

 

Hoy me siento atraído por el Metalcore. Si bien no es un género que estemos ejecutando con la banda, me gusta esa apuesta que el género hace. Por ejemplo Bring me The Horizon empezó haciendo un sonido muy crudo y, a medida que pasó el tiempo, encontró otro equilibrio. Tiene que ver con las ganas de progresar. No haríamos una transformación total, como fue el caso de Linkin Park, pero sí apostar siempre a algo nuevo.

 

Cuando uno ve la portada del disco y su título, Caótico, se imagina un álbum cargado de protesta y ataque al sistema, sin embargo, hay otro enfoque más introspectivo: descreimiento en las personas y en sus sentimientos, ¿cómo lo pensaron ustedes?

 

Nuestra política es no ser explícitos con lo que hablamos en las canciones, eso incluye el nombre del disco. Lo mejor es que los que escuchen puedan interpretar de manera independiente aquello que le transmite cada canción; para qué darle un solo significado a un tema si puede tener muchos. Al momento de registrar el disco, la idea era que no tuviera nombre, que se lo conociera por el nombre de la banda pero, a último momento, nos arrepentimos y dejamos Caótico. El mismo no hace alusión a la destrucción ni nada por el estilo, en realidad el término tiene que ver con que a partir de las diferencias dentro de un conjunto de cosas, se puede generar una confusión. Este disco no define tajantemente quiénes somos, ahí puede llegar a generarse tal confusión.

 

¿Como fue el proceso de grabar esas canciones, teniendo en cuenta que durante tanto tiempo venían sonando adentro de tu cabeza, y cómo se dio la inclusión de Luciano Villacé en la producción?

 

Nunca habíamos entrado a un estudio de grabación de tal magnitud. Tampoco tenemos un productor fijo, por eso quien nos ayudó fue Luciano Villacé, el cantante de Bigger. Ellos habían tocado en Circus (San Justo) y yo los fui a ver; estaba ahí como espectador. Cuando pude finalmente acercarme a él, comenzar a hablar, y le comenté que tenía una banda y queríamos hacer un disco, pero no sabíamos donde. Él me dijo: llamame, y así empezó todo. Luciano le dio la marca definitiva, si lo hubiéramos hecho por nuestra cuenta no habría salido igual. Me hizo grabar algunos riff doce veces hasta poder encontrar el tono de algunos temas. Esos detalles los tomamos y los pensamos usar para el próximo disco, sabemos que aún nos queda mucho para dar.

 

Después de muchas idas y venidas lograron grabar Caótico. Luego, tuvieron que volver a subir a los escenarios, tocando temas que ya estaban terminados, ¿qué cambió en la banda cuando empezó a darse esta situación?

 

Veníamos hace tres años tocando las canciones. Después de grabarlo, no queríamos más seguir tocándolas, pero era necesario. Es distinto tocar encima de algo ya terminado. Ya pasaron seis meses desde que lo grabamos, y algunas de las canciones están bastante cambiadas. Eso nos parece bien, esta bueno no tener ganas de tocar siempre lo mismo. Además, ahora estamos escuchando otra música y eso influye; la idea no es cambiar la estructura de las canciones, pero sí hay detalles que se pueden ir mejorando.
Tocar con un disco a cuestas se vive con más tranquilidad pero, a su vez, con algo de presión. Uno tiene que salir a defender sus canciones como si fuera una copa.

 

Ustedes se desenvuelven mayormente en la zona de La Matanza: Ramos Mejía, San Justo; ¿cómo ves hoy en el escenario del rock en el país tanto en oferta como en accesibilidad para poder tocar?

 

En Argentina ahora hay una superpoblación de bandas parecidas. Eso no significa que nosotros seamos los que rompamos el molde. Lo que queremos es hacer algo que visualmente sea atractivo. Si bien depende del lugar, porque implica tener una buena infraestructura, hoy lo que prima es lo audiovisual. Por eso ahora tenemos puesta nuestra atención en hacer un video clip que defina nuestra imagen. No es simple, porque hay que tener en cuenta el contexto económico. Por esa misma razón, estoy haciendo un curso de luthier. Me resulta más accesible aprender y hacerme mi propia guitarra a tener que comprarla a un precio inflado.
En cuanto a dónde tocar, si fuera por nosotros nos encantaría telonear a alguien en el Teatro Flores o el Luna Park, nosotros en la sala de ensayo sentimos que sonamos muy bien, pero sabemos que arriba del escenario entran en juego otras cosas. Hay que ir bien preparado para esos acontecimientos. En lugares como Niceto o Asbury nos sentiríamos más comodos, hemos tocado en Circus y Momo y nos salió muy bien. Hay que entender qué música hacer en cada lugar, además, es necesario respetarse.

 

En esa movida independiente actual que marcás que muchas veces se repite, ustedes se encuentran haciendo un estilo que quizás hoy no es la principal tendencia, como pudo haberlo sido en los años noventa, ¿se ponen a ver lo que está sonando para adaptar algún detalle o van derecho por su camino sin distraerse?

Hay que entender en que generación uno está. No podemos quedarnos en revisitar a Pearl Jam o los Doors, aunque obviamente lo hacemos. Pero es importante saber lo que se esta viviendo ahora. Sabemos que algo tiene que ser comercial porque sino no es sustentable, pero dentro de eso hay dos vías, la mala es esa que no tiene las características propias de una canción. Por otro lado, “Smells Like Teen Spirit” de Nirvana es muy comercial pero impecable musicalmente. Por eso, no se puede aspirar a nada sin hacer algo en que no nos sintamos cómodos.

Vemos que muchas bandas se matan en hacer canciones con los acordes más complejos. Por ahí es natural, pero nosotros creemos que una canción con solo tres acordes puede ser igualmente buena. Hay bandas independientes que hoy llevan a mucha gente, como es el caso de El Kuelgue. Eso antes no pasaba. Hay tendencias que yo no seguiría pero las respeto. Lo último que me sorprendió mucho fue Oftafonic, también Bigger. Trato de buscar sonidos nuevos, hay que apostar a eso.

 

Clan 71 se estará presentando el próximo 26 de junio en Vadenuevo (Av. Eva Perón 1372/ Morón), 20:30 hs.

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