Combichrist en Flores: Tiempo de disfrutar la locura

Published On May 22, 2016 | By Martin Velazquez | Cultura, Musica

Cobertura: Combichrist en el Teatro Flores

En plena gira mundial y a poco de presentar su nuevo disco This Is Where Death Begins, la banda noruega liderada por Andy LaPlegua se presentó el pasado miércoles en el Teatro Flores y mostró lo mejor de su repertorio electro -industrial, en lo que fue su segunda visita al país.

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Nueve y media de la noche del miércoles y, tras una espera de casi una hora, el telón se abre: un Andy LaPlegua enérgico corre hacia el micrófono, salta de un lado a otro del escenario, aviva a un público que se acercó entre el frío otoñal y la incomodidad de un día atípico para ver una banda; una actitud que fue la metáfora de un show breve pero directo, sin pausas ni medias tintas: “al palo”. Pelos violetas, sobretodos de cuero y guantes cortados sobre las vallas frente al escenario del Teatro Flores, gritos de jóvenes eufóricos y un comentario  de su lider señalándose el corazón: “Se que les gusta la fiesta, los llevo aquí , es jodidamente increíble estar hoy acá”. Palabras que serían, más allá de la presentación de su cuarto tema, una bajada de línea de todo el recital, en una prédica que no pareció ser demagoga ni mucho menos.

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Un inicio a pura efervescencia con Get Your Body Beat, que demostró desde el minuto uno que la espera de ocho años no había sido en vano. Su último álbum We Love You, no tuvo finalmente la participación exclusiva que anunció la publicidad de la banda y sólo sonaron tres temas, – Can’t Control, Denial y Maggots at the Party – sin embargo, fueron los que más agitaron los cuerpos en la hora y cuarto que duró el recital. “Can you take the pain at all?/ I try to understand you girl/ Glad you got to earn it/ Fuck it up and let it go”, cantaba un inspirado Andy a coro con un público en su mayoría femenino pero que, en general, tiene una amplia apertura, es deshinibido, fresco y se divertido con cada corte.

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Can’t Control pareció resumir la filosofía de Combichrist en cada una de sus presentaciones e hizo entrar en clima a algún escéptico que “fue a ver que onda” a Av. Rivadavia al 7806. Una cadencia rítmica sumamente en trance; un sonido aplastante que con dos baterías hizo añicos las ganas de quedarse quieto; el micrófono de Andy revoleándose como hélice y el resto de los integrantes pidiéndole al público que salte, que áun quedaba mucho por sudar. Secuencias robóticas, casi de cortocircuitos; luces estroboscópicas. La agrupación residente en norteamérica logra hipnotizar ante cada canción, te envicia y deja en una sensación alucinógena, sin haber tomado ninguna sustancia que lo amerite. “Estamos aqui por una sóla razón, hacerles pasar un buen momento, y que ustedes nos lo hagan pasa a nosotros”, aclaró Andy mientras sonaba Maggots At The Party.

 Never Surrender anuncia Andy a mitad del recital, y las baterias – claves en el sonido de la banda en vivo – comienzan a rugir, primero como martillo, luego como aplanadora.  La voz gutural va amaneciendo hasta brotar en un grito redentor: “No more shame/ No more pity/ No more/ We rise from the ashes”. Tan sólo tres canciones del emblemático Making Monsters (2010) pareció escaso, pero Combichrist los hizo valer como si hubiera tocado el álbum completo. “Esta noche vamos a jugar un juego, pero nunca vamos a renunciar”, sentenció.  Le siguió Blut Royale de Everybody Hates You (2005), todo una invitación al intercambio con el público, quien gritó como ejército mientras Andy, en plan de comandante, lanzó puñetazos al cielo entre claroscuros lumínicos.

Latas de cerveza apiladas al costado de una de la baterías; Andy carismático, actor, en impronta de lider que “copa la parada”; con su habitual chaleco y sus vistosos tatuajes, se acercó al borde del escenario hasta sentarse, le acarició la cabeza al hombre de seguridad (que se quedó helado); luego bajó hasta las vallas y cantó con el público alborotado que lo agarraba de donde podía. Todo estaba permitido, ¡A la mierda la solemnidad del rock! Nada podía salir mal, y así fue. “Pretty pictures like you”, repetía mientras se golpeaba el pecho al momento de sonar “Electrohead”, uno de los momentos que, en un panorama de fiesta, funcionó como oasis junto a “Red” del álbum What the Fuck is Wrong with You People? (2007) .

El Electro Body Music (EBM) tiene la característica de mecanizar el ritmo mediante secuencias y así poder generar un efecto bailable a una música, en su origen, teñida de oscuridad. Genial e innovador como lo fuera en la era post punk Throbbing Gristle o Skinny Puppy en tierras canadienses, Andy LaPlegua es un adelantado. Con Icon of Coil, el proyecto que fundó junto a Sebastian Komor, logró un sonido futurista que intercambió el industrial con elementos de electro y trance.  Combichrist fue la evolución, aquello que nació como válvula de escape y terminó transformándose en una agrupación insignia del movimiento.

Una muy breve pausa del grupo, casi simbólica, para luego dar lugar al último aliento que los fanáticos se habían guardado tras una hora de éxtasis. Sonó de inmediato “This Shit Will Fuck You Up” como una ametralladora en plena emboscada. “I am a bitch/How do you want me?”,  arrojó una voz androide luego de una larga secuencia de mayor corte tecno. Siguió “Fuck That Shit”, un tema de vertientes futuristas que pareció ser el último pero que la mueca sonriente de Andy sobre el sonidista – Sí, ya para ese entonces eran los dueños del lugar – pudo dar espacio a “What The Fuck Is Wrong With You?” Los platillos mojados por Joe Letz en su “bata” le dieron un aire épico al final; los últimos saltos entre el público, una selfie de recuerdo, y un cierre con esa misma cercanía que la banda había demostrado desde un principio.

Para los fieles al género industrial, Combichrist entregó hasta el último respiro para que la noche del miércoles quede en el recuerdo; aquellos más reticentes con la banda tendrán que reconocer que no hay mayor espectáculo que aquel donde los artistas logran empatizar con su público. El rock, a veces, necesita más de esta cercanía que la distancia ejercida por tantas falsas estrellas.

 

 

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