Cubierto por las notas de Sistemática

Published On September 1, 2016 | By Martin Velazquez | Musica

En el Teatro de Morón, la agrupación de San Antonio de Padua repasó de principio a fin su primer material de larga duración. Una noche catártica que conjugó precisión, amistades y memoria.

IMG_1394

Eran las ocho de las noche del viernes y las nubes se agazapaban tiñendo de gris el final de la semana. Por la Avenida Rivadavia, los autos ardían en un atolladero que parecía expulsarlos del hastío o subyugarlos a él. Pequeños grupos de personas estaban reunidas afuera del Teatro Gregorio Laferrere: algunas sobre las escalinatas; otras, ataviadas por el frío, fumaban. Y con su entrada en la mano o sosteniendo Distintos Vientos Antes de que el Sol Nos Pudra la Cara, estaban a la espera de un show que gozó de buena puntualidad, algo fluctuante en el under del conurbano.

Una especie de sinópsis del disco sonaba de fondo entretanto, alrededor de las butacas, el humo empezó a cubrir los rostros de los presentes, en una escena propia del Silent Hill. Sistemática entró luego de unos minutos; Nicolás esperó sentado frente al público mientras el resto de los músicos se acomodaba y empezaban a sonar los efectos iniciáticos de la canción homónima del álbum. Los acordes habían rodado y Patricio Sly golpeaba con energia en cada tramo duro del tema. La entrega era total desde el minuto uno.

 

IMG_1422

En “El día muerto” la oscuridad azotó de pronto al teatro. Allí se pudo ver el contraste de los punteos cristalinos que ofreció Leo Ghernetti (invitado, colaborador del disco) y los espasmos más violentos de la viola de Sebastián. Por otro lado, las notas del teclado de Jesús Muñoz caían como gotas contra el vidrio de una ventanal. La batería sonaba con bronca y Nicolás, embrionado en Ian Curtis, destilaba electricidad en una performance sobria y elegante. Siguió “¿Quién estará cerca?”, el corte de difusión del álbum que cuenta con su video promocional, que aunó un logrado despliegue en las guitarras de Willy (Magdalena Records) y Paolo Menghini (Padre del “Chimu”). Las canciones de la lista del teatro respetaron el orden exacto de Distintos Vientos pero, aún así, sorprendieron por la magnitud e intensidad con que sonaban en vivo; el magnetismo erizante de piel de “Ansioso corre el tiempo” fue prueba vasta de ello. Tras “Pulso Absoluto” e “Imagen 236” (un tema “medio tanguito” según Nicolás), los volumenes subieron en “Lacrimógena” que, con otra atmósfera de humo (no podía faltar justo acá), pudo mostrar una inmensa guitarra de Sebastián que rasgaba las cuerdas como un tornado. La corriente zen cruzó el ambiente en “Carretera Perdida” que, con una base de Germán que hizo vibrar los pies, resonó alto un “as de espadas” como un profundo eco, y culminó en ese sonido envolvente que descifra la vertiente épica de Sistemática.

El cierre fue para un cálido recuerdo del Chimu, con el espejo de su padre ofreciendo melodías electro acústicas, y para un adelanto de lo que será el nuevo material de la agrupación de Padua: “Roma”. “¡Vamos loco!”, pidió Nicolas. Sí, el último grito de aliento. Con una intensidad más lindera al post punk, los últimos minutos en el Teatro de Morón corrieron rápido. Sistemática había desplegado un recital sólido, familiar y hartamente pulido. Lo próximo, los dejará en el desafío de mantener la contundencia en vientos que soplen distinto.

Like this Article? Share it!

About The Author

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *