El Rock como genero literario: Mejor hablar de ciertas muertes

Published On May 30, 2016 | By Martin Velazquez | Cultura, Musica

El fenómeno del rock no escapa de la lógica del mercado editorial; y la muerte (como disparador) agrega un incentivo peligroso para los periodistas, editores y el recuerdo de los músicos.

En los últimos cinco años, el mercado editorial se vio nutrido por un género que otrora resultaba esquivo a plasmarse por escrito: el rock. Si bien la política ocupó un lugar preponderante en las agendas editoriales por las disputas ideológicas que signaron la última década, el rock y el revisionismo por sus íconos fue una de las temáticas favoritas a explotar y difundir hasta alcanzar el rango de categoría propia. Ediciones y reediciones cubrieron los stands de las grandes librerías, biografías como “Cerati” de Juan Morris, “Luca: Libertad divino tesoro” de Oscar Jalil, “Pappo: El hombre suburbano” de Sergio Marchi, y también relanzamientos como fue el caso de “Crónica e Iluminaciones (sobre Luis Alberto Spinetta)” de Eduardo Berti, “Ricky de Flema: El último punk” de Sebastián Duarte o “Tanguito” de Víctor Pintos.

tumblr_nuqk3a6Zr51u3lb1ko5_r1_1280 El rock en Argentina, históricamente, mantuvo siempre un vínculo muy cercano con la muerte. Teniendo en cuenta al filósofo alemán Arthur Schopenhauer, que decía que “la muerte es el genio inspirador”, puede señalarse que esa creatividad, característica de los artistas que eligen “bordear el precipicio”, se ha podido observar en las letras de nuestro rock, desde “Canción para mi muerte” de Sui Generis y “Cristo (Muerte y resurrección)” de Vox Dei hasta “No seas Parca” de Bersuit Vergarabat o “No me importa morir” de El Otro Yo. Además, la escritura sobre los propios artistas muertos, activa un sentimiento de nostalgia y romanticismo en el lector, que en muchos casos traspasa el límite de lo real. En 1994, la muerte del líder de Nirvana, Kurt Cobain, abrió el camino para la construcción de un arquetipo de mártir del rock. Con 27 años, Cobain estaba en el punto más alto de su popularidad tras grabar los exitosos Nevermind (1991) e In Utero (1993) y ser maximizado por la cadena de televisión MTV. En la escena local no fue distinto: Luca George Prodan, el italiano que en los ochenta lideró Sumo y murió luego de años de excesos en 1987, o el líder de Flema, Ricardo Espinosa, que vivió de acuerdo a su impronta punk, cantó contra el neoliberalismo en los noventa y terminó suicidándose en 2003, son algunos de los mitos que construyó el rock en Argentina.

La muerte de la mayoría de los músicos sobre los que se escribió – como la de Norberto Napolitano en 2005 – alimentó la curiosidad en el lector y tiñó de interrogantes el rol de los editores y de los propios periodistas: ¿Permite el rock correr los límites éticos en la escritura? ¿Debería una biografía de rock sólo centrarse en su obra sin describir los excesos del retratado? ¿Cómo lograr equilibrar el homenaje artístico con el interés comercial de las editoriales?

El periodista Sebastián Duarte, que escribió la biografía de Ricky Espinosa, una de las figuras del rock que más supo orillar entre la vida y la muerte, toma distancia de cualquier tipo de especulación: “El libro lo saqué en el año 2005, salió en una editorial muy pequeña como Baobab. No lo vi desde el lado comercial, en principio porque ya hacía dos años que él había muerto, y además, representaba un espectro muy pequeño del punk rock. Diferente hubiera sido hacerlo con el cantante de Attaque 77”. Al momento de morir a sus 33 años, luego de tirarse del quinto piso del departamento que ocupaba en Avellaneda con Luis Gribaldo (guitarrista de Flema), Ricky Espinosa atravesaba un período de fuerte depresión. Olvidado por gran parte de la industria musical, Duarte eligió recordar a ese joven de Gerli que había optado por el punk como forma de vida. “Ahora sí se está haciendo más conocido, luego de trece años de haber muerto. A Ricky valía la pena que se lo conozca”, reflexiona. Desde otra perspectiva, Eduardo Berti, autor de un retrato intimista y profundo de Luis Alberto Spinetta, recuerda por qué decidió escribir una biografía sobre “El flaco” en 1988: “En ese momento había pocos libros de rock argentino. Sí había, desde luego, muy buena prensa de rock (por ejemplo la revista Expreso Imaginario), pero el espacio que ofrece un libro es otro, muy distinto: permite profundizar y ampliar”. La intención del libro era poder hablar de la vida de Spinetta a través de su obra, y detenerse en cada uno de sus discos y canciones.

Por otro lado, la escritura sobre músicos de rock fallecidos gira en torno a una situación inevitable: la imposibilidad de interactuar con el personaje. Ese estado de indefensión puede llegar a generar disputas en torno a posibles tergiversaciones en la obra. En ese caso, es el propio entorno del músico el que decide salir en su defensa. Así sucedió con Luciano Napolitano, hijo de Pappo, que criticó en una carta abierta a Sergio Marchi, autor de “El hombre suburbano”, por considerar que su libro es una “especulación amarillista” que busca recaudar dinero “divulgando infundios” acerca de su padre. La biografía de Gustavo Cerati que escribió Juan Morris no fue la excepción: Benito Cerati, hijo del líder de Soda Stéreo, afirmó que la obra “carece de veracidad, tiene muchas imprecisiones y no está autorizada por la familia”, y respecto al autor, lo acusó de “infiltrarse” en el velatorio de su padre para sacar provecho comercial. Sin embargo, no todas las biografías del rock deben lidiar con fuertes polémicas.

En “Luca Prodan. Libertad divino tesoro”, Oscar Jalil configura la agitada vida del ex cantante de Sumo en una extensa y detallada obra que publicó Editorial Planeta en octubre pasado. El periodista platense descree de la visión “al límite” del rock: “Esa mirada tenía más adeptos hace unos 25 años, cuando películas como The Doors (1991) o Tango Feróz (1993) tomaban a los rockeros como una raza aparte: seres excesivos y condenados a un destino trágico, como si eso no sucediera con otros artistas o deportistas que terminaron de la misma forma. Ahora, es posible observar esas vidas como la perspectiva histórica que da el paso del tiempo, y cierta apertura, en una sociedad que ha ganado varias batallas contra los prejuicios”. Y agrega sobre los libros que polemizan utilizando los excesos y la muerte: “La autorización a escribir sobre esa temática siempre viene acompañado de cierto amarillismo, y no niego los excesos del rock pero a veces es lo que se espera encontrar en la vida de un músico, y creo que se ha avanzado un poco más frente a esa mirada reduccionista”.

Maquetaci—n 1La idea de volver sobre la historia del rock y detenerse ante sus figuras arrastra un último interrogante respecto al presente y la falta de material bibliográfico: ¿Estamos ante un escenario de transición del rock que no logra fundirse en un texto o pisamos sobre las raíces de generaciones que quedarán en la historia del mañana? Alfredo Rosso, una de las voces autorizadas para hablar de rock en Argentina, aclara el panorama: “Es parte de honrar a los que estuvieron antes en el camino, eso no significa que ahora no haya figuras en escena. Ésta es una época dorada con Los Espíritus, Chillan las bestias, Gualichio Turbio, Honduras, entre otros. Pero está bien recordar a las figuras icónicas, las que dejaron un mensaje enaltecedor. Uno lee el libro de Luca o de Miguel Abuelo, de Tanguito o los de Pappo y Charly, y ahí se nutre de toda una época y de todo lo que pasó alrededor”. Por su parte, Berti, opina con sinceridad: “Creo que la crisis de la industria discográfica es muy grande desde que las descargas por Internet acabaron con el concepto de las antiguas ‘disquerías’. Las ventas han caído estrepitosamente. Las plataformas actuales ofrecen semejante superabundancia que se hace complicado separar la paja del trigo”.

En cualquier trabajo editorial y periodístico sobre el rock, no pueden pasar desapercibidos los matices alrededor de su publicación. Por un lado, el tratamiento periodístico que se le brinda al texto es vital; en el caso de Oscar Jalil fueron cuatro años de investigación documental y fotográfica y más de ochenta entrevistas con los allegados al personaje. “Nunca me puse a pensar en la comercialización, fue un proceso arduo y muy largo intentando contactar a las personas más cercanas a Luca pero también a muchos que pudieran describir cómo era la escena artística de 1982 en adelante. El libro tiene 500 páginas y se aleja muchísimo a un resumen de vida, plantea, al menos desde esa cantidad de páginas, que no es un libro que se lea rápido y que, de antemano, pide un tiempo de inmersión en una historia que comienza  a principios del Siglo XX, mucho antes del nacimiento del músico”, explica el periodista de Radio Universidad de la Plata.

Las editoriales también cumplen un rol central en el enfoque del libro. El mercado editorial en la Argentina está ocupado en un 50 por ciento por dos grandes firmas: Editorial Planeta y Penguin Random House. Y, si bien la Cámara Argentina del Libro (CAL) registró una caída del 10 por ciento entre el primer trimestre del 2014 y el 2015, no ha logrado afectar a estas dos grandes editoriales, que reimprimen la mitad de los libros que publican. No obstante, no todos los libros del rock caen bajo la órbita de ellas.

ricky-de-flema-el-ultimo-punk-sebastian-duarteEn el caso de Sebastián Duarte, publicó “Ricky de Flema: El último punk” en una editorial independiente (Baobab) y la reeditó de manera autogestiva en 2012; y Víctor Pintos, reeditó el libro sobre José Alberto Iglesias, alias “Tanguito”, en 2013 por medio del financiamiento colectivo (crowfunding). En esa dirección, Gourmet Musical Ediciones es una editorial independiente surgida en 2005 y que se dedica plenamente a la música. Su director, Leandro Donozo, describe su línea de trabajo: “En principio un libro debe responder a un tema interesante y estar tratado de una manera diferencial. Además, es necesaria una investigación de base, con fuentes fundamentadas y con la mejor escritura posible. El libro apunta a un mini-mercado, que son 500 personas, no 10 mil como las grandes editoriales”. Y agrega en relación a la especulación comercial en los libros: “No me interesan los libros coyunturales por el auge de determinado músico, además, hay que tener en cuenta que tardamos mínimo dos años en un libro, no es suficiente como para escribir sobre algo del momento. A su vez, no queremos que tenga una escasa vida útil, apuntamos a construir cierta perspectiva”.

Por último, la cercanía del periodista con la obra y la historia del artista son el aliciente perfecto para ganar profundidad y veracidad en el texto. “Una vida hermosa” (2015) de Miguel Grinberg – pionero del periodismo de rock en Argentina – sobre Luis Alberto Spinetta, es prueba vital de ello. Apoyado en una amistad de más de 30 años, que incluyo ser su productor durante los últimos años de Pescado Rabioso y los comienzos de Invisible, Grinberg reúne entrevistas, análisis de composiciones y anécdotas en común con el fallecido músico para trazar un retrato poético y existencial en cada una de sus páginas.
La muerte por sí suele seducir, pero eso no debe cegar la prudencia al hablar sobre la vida que quedó atrás.

,

Like this Article? Share it!

About The Author

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *