Los nuevos aires de Salvia

Published On October 19, 2016 | By Martin Velazquez | Criticas de discos, Entrevistas, Musica

Una fuente inagotable es el segundo larga duración de la banda de Haedo, y lo estarán presentando este jueves en el Teatro Sony donde harán un repaso por todas sus canciones. Su cantante, Agustín Funes, nos describe los conceptos detrás del disco y la reinvención de sonido del cuarteto.

 

 

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PH: Maxi Bellora

 

 

El agua es parte sustancial de la vida, cubre más del 70 por ciento de la Tierra. Y aunque sus océanos rodeen todo el horizonte posible, la conexión con nosotros está abrasivamente mediada por la técnica, lejana a su naturaleza originaria proveedora de purificación y desplazamiento, a ese regalo de identidad que ofrece su cuerpo transparente a nuestros ojos. Heráclito decía que un río es el mismo por su cauce pero siempre es otro por la fluidez de sus aguas; quizás también lo sea por su sedimento, por la textura rocosa que pisan tus pies al cruzarlo o por la temperatura del agua que muta ante la plenitud de un sol radiante o la ventisca que rompe detrás de las sierras. Por pequeños detalles que transforman al todo.

 

Una fuente inagotable es plácido y cristalino, una corriente sonora que traslada a Salvia a otros relieves sin perder su cauce. Siete canciones que se mimetizan y abroquelan como un gran cántaro sonoro, que fluye armónico, sin grumos ni cargas innecesarias.

Canciones nuevas pero también reconocibles, cercanas; viajeras de una atmósfera de guitarras ruidosas hacia claros más límpidos, que evitan blandidez y revalorizan el espíritu de la canción.

Dejando atrás el multifacético El espacio guardado en el último cajón (2014), Agustín Funes (voz/guitarra), Fernando Duarte (Guitarra/Sintetizadores), Ariel Pochettino (batería) y Javier Ventosa (bajo) toman distancia de cualquier rótulo y revival musical – que en su afán de expandirse por momentos reduce – con canciones que abren pasajes resguardados en la memoria y una poesía que funciona como proyección fílmica de las relaciones de familia y amistad. Salvia combina, en un movimiento, un solo lenguaje de melodía y palabra, en donde lo inagotable es la única liberación posible.

 

Grabado en el Estudio FAM entre 2015 y 2016, y con la producción de Fernando y Ariel, Una fuente inagotable camina sobre una guía armónica clara, de luces y arreglos suaves y estribillos que arengan movimiento.

 

 

Un tintineo de guitarra y platillo abre en “Canciones Nuevas”, junto a una voz compungida que salta a la mitad del tema hacia colores más vívidos y se pierde en una agonía espacial de guitarra. Sigue con un tono más pop “De Viaje”; llevado con oficio por “Poche”, destila delicadeza entre los arreglos y el manejo paciente de los tiempos rítmicos. Una voz de fondo, casi desde el abismo, comienza en “Primavera”. Una invitación a romper con la quietud y el mutismo, a animarse. El tema dibuja sensaciones jugando con la entrada y salida de las guitarras. “Levantemos la cabeza/ Apagá el full motor/ Dónde vas a ir?”, clama el corte. Un teclado minimalista con ritmo cansino pero manteniendo el espíritu del disco en “Para Decirte Algo”: la melodía como conductora de la arquitectura que ejecutan los instrumentos. “Para decirte algo, algunas veces me ayuda verla la cara a la disconformidad y recalcular”, expone la banda en plan rupturista.

Tras el clima enigmático de “El Mismo Tipo en el Mismo Bar”, en “Él Tuvo” se funde una guitarra mas punzante que oficia de constante telón de una paisaje de neblina y sordidez. “El goteo es un animal gris que entra por los huecos y tira de este corazón. Se suelta, y navega”, sentencia una voz gutural en uno de los puntos más altos del álbum.

 

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Mi proyecto siempre fue Salvia y nunca dejé de pensarlo”, aclara Agustín respecto a un pasado complejo de la banda que los impulso a empujones a lanzar su primer disco hace dos años y que los encuentra distintos en el presente: más mancomunados, en sintonía con lo que la banda quiere mostrar y ofrecer.

 

En cinco de las siete canciones hay una referencia al agua en sus diversas formas. ¿Esa idea de fluir, de bañarse en otras aguas y atravesar la tormenta refiere a una vuelta de tuerca que quisieron plasmar en la identidad de la banda?

 

En parte lo del agua puede ser casualidad pero, por otro lado, el movimiento del agua es un mecanismo que me atrae bastante (tiene un tatuaje en su brazo de una gota cayendo). Las cosas que suelen quedar estancadas, se terminan pudriendo y no prosperan.

 

El disco parece remitir a la nostalgia o a una reminiscencia quedada en el olvido, no solo en lo musical, también en el arte de tapa y en los clips que siguen esa línea. ¿A qué responde esa temática?

 

La tapa del disco pertenece a una foto de mi viejo: son mis hermanos cuando tenían alrededor de dos y cuatro años. Tiene que ver con el momento que estábamos pasando como banda, donde entraban en juego las familias y amistades. Hace un tiempo saqué un EP (Posada Alcorta) que tenía esa temática familiar más en concreto, sin embargo, se dio en un tiempo paralelo a la construcción de este álbum, así que en algún sentido va en ese rumbo.

 

Más allá del estilo o género que pueda tener la banda, hay un apoyo constante en el disco sobre la poesía que atraviesa cada una de las canciones. En ese sentido, no parece casual la inclusión de Damián Lamanna con su pluma en Él Tuvo. ¿Parte de esa premisa la creación de las canciones?

 

Mas específicamente es desde la melodía. En mayor proporción, las canciones surgen a partir de una melodía con letras a veces tarareadas y otras ya terminadas, en base a eso con los chicos construimos los temas. Depende de cada canción, muchas veces un tema queda tal como salió en un primer momento.

 

¿Este disco es una puesta a punto para dejar a un lado los proyectos individuales y traducir toda la energía en este momento de Salvia?

 

La banda tiene ya sus años y pasó por varias etapas. Entre 2012 y 2013 casi no tocamos. “Poche” se fue de viaje por siete meses y cuando volvió no sabíamos bien qué iba a pasar. Sí teníamos en claro que queríamos tocar. El primer disco lo grabamos bastante rápido. Por un lado “Puppo” (Luis) se fue a Mendoza y teníamos que sumar a un bajista, además estaba “Coqui” (Fernando) en la grabación. Pasaban un montón de cosas, por eso quizás no hubo tiempo de pensar algo asó como un concepto en ese material, aunque el resultado nos gustó mucho. Con este álbum fue distinto. Javier (Ventosa) entró a la banda con mucha energía y eso nos contagió a todos. Y de repente nos encontramos con siete canciones y un sonido distinto. Ahí supimos que había que grabarlo.

 

¿Cuál te parece que es el mayor aporte de cada integrante más allá del plano técnico de su instrumento?

 

Estamos en una etapa donde nos complementamos. Como grupo de amigos estamos afianzados y sabemos bancarnos. Javier es el administrativo y el más riguroso; Poche es el ponedor de paños fríos en situaciones límite; Coqui es un agitador, él quiete tocar e ir para adelante por encima de todas las cosas. Yo soy una especie de equilibrista en medio de todo eso.

 

¿A qué respondió el comentario que hicieron de “querer salir del lugar de indie rock”?

 

Tiene que ver con una cuestión de estilos. En cierto punto, los sellos discográficos independientes terminaron asociados a ese fenómeno. Yo no termino de entender esa asociación. Sí puedo ver en algunos recitales cierta homogeneidad en lo que se escucha, pero no es el caso de la zona oeste que se caracterizó siempre por lo contrario: Divididos, Los Piojos, Árbol, Smitten, Nuca. Lo dicho tiene que ver con la necesidad de no etiquetarnos. Si me preguntan, digo que hacemos rock alternativo o en todo caso rock, a secas.

 

Presentación oficial de Una Fuente Inagotable – Jueves 20 de octubre 20.30 hs en Teatro Sony (José Antonio Cabrera 6027, CABA). 

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