Los Surfing Maradonas y su satánica costumbre

Published On July 22, 2016 | By Martin Velazquez | Criticas de discos, Entrevistas, Musica

La banda de San Justo estará presentando este sábado en el Salón Pueyrredón su último álbum, Terrorismo Illuminati. Hablamos con Esteban Maradonas (voz y guitarra) del armado del disco, las colaboraciones, la síntesis de la trilogía y el futuro no lejano del dúo.

 

 

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Foto: Neko Photography

Cuando Adam Weishaupt decidió fundar la Orden Illuminati en 1776 – luego de una reveladora formación con los jesuitas -tenía en mente poder lograr una sociedad de carácter noble, comandada por los más sabios y no por regímenes de alcurnia o herencias de sangre; donde primara la razón por sobre la solemne divinidad. El paso del tiempo demostró que la ilusión de una neo república platónica era una farsa. Los grupos de élite dejaron de ser secretos, los príncipes se vistieron de traje y corbata, y las órdenes masónicas pasaron a ser organismos financieros globales. La iluminación de unos pocos fue la domesticación, el aislamiento y la sumisión de muchos. En la actualidad nada parece haber cambiado. La resistencia está en los márgenes, lejos de la voz de los grandes medios; en las calles sin número, dentro de los reductos donde el arte aún es esquivo al negocio. Los Surfing Maradonas proponen una lúcida alegoría del mundo que nos circunda en su tercera y última placa titulada Terrorismo Illuminati. Grabado en Dirty Home-Studio, con la masterización de José Maria “Peta” D’Agostino, los hermanos Fernández ofrecen un trabajo superador, sólido y maduro que consolida al duo como claro referente de la nueva escena independiente.

 

“Cuando hacemos música no tenemos que rendirle cuentas a nadie”, arremete Esteban Maradonas. Y eso queda demostrado en cada una de las seis canciones que conforman su nuevo trabajo disponible para escuchar en su web.
Terrorismo Illuminati, paradójicamente, es oscuro, pero a su vez liberador: un disco abrasivo, de altos frentes noise y zócalos balsámicos con ápices folklóricos. La placa completa, en ínfimo tiempo, la denominada trilogía satánica (666) iniciada con Mal Augurio en 2013 y seguido, el año pasado, por Holocausto Alienígena.

El proyecto de los hermanos Fernández, Esteban (Guitarra y voz) y Fochi (Bateria), se ofrece impredecible, elíptico e intencionadamente contrapuesto. Como un ritual milenario, “La luz mala” inicia penetrando, sigiloso, en los vaivenes de la memoria: parece rescatar fragmentos de escenas olvidadas. La distorsión brota e irrumpe ante todo posible vértice de confort: el universo es caótico, complejo; no admite un resguardo a largo plazo. Los maradonas lo saben. Oriundos del conurbano bonaerense, crecieron en la distopía de la desigualdad, el hábito de la violencia como falso salvataje, y el ninguneo del Estado ante la emergencia naturalizada. No es meramente geográfica la empatía con Almafuerte, se vislumbra en su apertura sonora, el respeto por los orígenes, la palabra como refugio y rebelión. Surfing Maradonas no es únicamente stoner, tampoco metal, ¿por qué la necesidad de ser una etiqueta fija? La inclusión de Claudio “Tano” Marciello en “Auto rojo” es comprensible, encaja en una propuesta que no busca estandarizarse, que sabe adhosar la voz ultratumba de Esteban con la pulida virtuosidad de la mano derecha de Ricardo Iorio, el resultado: una máquina infernal, dispuesta a barrer con los resabios del pavimento caliente. Rock’n roll clásico pero actual, eterno.

 

 

Con símil intensidad, “De cacería belga” propone un viaje por paisajes apocalípticos, de cráneos carcomidos al costado de la ruta y polvo rojizo sobrevolando en tu cara, hasta cubrirla de aridez. Las buenas vibras de Queens of the Stone Age están presentes, también la palmada en la espalda, casi paternal, de Los Natas. “Turba violenta/ Quemar brujas del mal/ Tirar brujas al mar”, repite una voz que se agudiza hasta parecer un aullido animal. La guitarra, como campana, anuncia la llegada del viajante en “Poseidón”. El tambor de Fochi marca el paso de un corte con aura mística: esos sonidos que sabemos haber escuchado aunque no recordemos cuándo ni dónde. Tras el agujero negro en que cae el cuarto corte, “Ku Klux Klan” recupera los riffs “sónicos” que cubren de ruido el ambiente hasta cortar en un silencio sórdido, que se va apagando y, a medida que el tintineo regurgita como plegaria, esboza un último aliento sonoro. Finalmente, “Templos”, se muestra sofisticado, maduro, como una sintesis de largas subidas y bajadas a través de la trilogía. Con mucha melodía lumínica, aires a My Bloody Valentine, el cierre de Terrorismo Illuminati reafirma que toda teoría tiene su costado ascético.

 

De un contrapunto familiar a un proyecto ascendente, con ya tres discos editados, los Surfing Maradonas atraviesan un gran momento musical, que puede ser bisagra en el futuro más inmediato. Esteban, voz y guitarra del grupo, rescata la libertad musical como un valor esencial en la vida del dúo.

 

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Foto: Neko Photography

 

 

A pesar de que siempre hay intentos por clasificarlos, ustedes eligen no amoldarse a las tendencias del rock independiente que hoy pueden tener como exponentes a El Mató o Mi Amigo Invencible, entre otras. ¿Viven con mayor riesgo cada proyecto al no formar parte de esa corriente?

A la hora de componer, nosotros estamos detrás del sonido. Pensamos en una canción que nos exija ciertos matices y estética, y no nos fijamos si está dentro del metal, stoner o punk; puede tener un poco de todo, tiene que ver con nuestras influencias, pero de ninguna manera nos limitamos en una camino a seguir.
Nosotros tocamos al re contra palo y vemos que en esta escena independiente – en general – no hay demasiado agite. Actualmente, hay dos estilos bien marcados, el indie y el stoner. Rescato muchos de ambos, hay buenas bandas en cada género, pero no considero que estemos en uno de esos lados como si fueramos un ghetto. Eso no ayuda en nada, solo te limita.

Cómo vos decís están “detrás del sonido”, en ese día a día de la música. Sin embargo, armaron una trilogía que necesita cierta planificación, ¿cómo se conjuga esa proyecto a largo plazo y el caracter impredecible de la banda?

 

No fue tan pensada la trilogía, se fue dando. Con el primer disco (Mal Augurio) hicimos seis temas, que fueron los que más nos gustaron, entre varios otros. A partir de ahí, nos convenció el que se diera así: corto, palo y a la bolsa. Cuando pensamos en seis canciones más, nos apareció la idea de la trilogía que completara esa fórmula con el ingrediente del 666, que es un concepto que esta presente en los álbumes.

 

Las colaboraciones de Claudio Marciello, Fernando Turene e Ignacio Pedernera fueron altamente positivas para el sonido final del disco, elevaron la vara muy alto, ¿puede ser este el camino para que se sume un nuevo Maradonas a la agrupación?

 

La idea del Tano Marciello fue una idea de Fochi. Con él somos, por así decirlo, vecinos. Vivimos a unas seis cuadras y lo conocíamos únicamente de vista. A partir de esa locura que tiró mi hermano lo contactamos. Él no dio ninguna vuelta en venir tocar

La idea es que los Surfing Maradonas nazcan y mueran como dúo: la banda tiene esa mística. Con esto de las colaboraciones, se nos ocurrió ir incluyendo en las distintas fechas que salgan algún instrumento extra: un teclado, un sinte, otro viola; sería un tercer integrante pero invitado, que aporte otro tipo de ingrediente a lo ya establecido. Inmoviliaria es una dúo que hace un trabajo parecido al respecto.

 

¿Cuánto de haber crecido en el conurbano bonaerense y haber visto tantas injusticias sociales termina influyendo en las temáticas, un tanto oscuras, de la banda en esta trilogía de discos?

 

No necesariamente es por eso, oscuridad en realidad hay en todos lados. Sí hay un día a día complicado en el conurbano: la represión policial, la precarización laboral; desde ese lugar sí, vivis en la oscuridad y tratas de prender una lucecita desde el lugar que encontrás. Cuando nosotros tocamos hacemos una especie de catársis de todo eso, nos limpiamos un poco diciendo lo que pensamos.

 

A contraste con la última década que fue – mayormente – condescendiente con la política, muchos de los referentes del rock, y la cultura en general, muestran un fuerte descontento con la gestión de gobierno actual, ¿te parece que puede resurgir ese ánimo contestatario que supo tener el rock en los 70′ y a mediados de los 90′?

 

Es casi paradójico pero cuando estás en un lugar de mayores oportunidades de progreso, se esconde un poco el enojo contra la opresión que, en realidad, siempre existe. Aunque a veces esté más atenuado, la opresión nunca desaparece. Habría que ver en que contexto se da todo; pero particularmente nosotros, siempre estuvimos en contra de los poderes y el sistema desigualitario. Es verdad que ahora las tuercas se están ajustando cada vez más, casi al límite; existe la posibilidad de obedecer y agachar la cabeza sin decir nada o salir a gritar desde el lugar que ocupás. La música sirve para eso y es nuestro lenguaje.

 

Este sábado van a estar presentando su disco en el Salón Pueyrredón, acompañados por Julián Desbats (Los Rusos Hijos de Puta) y La Pandilla Armando. Parece un lugar al que siempre vuelven y eligen, ¿qué representa para los Surfing?

 

El Salón Pueyrredón es un lugar muy particular. A lo largo de los años, fuimos a tocar sí, pero también hemos ido como espectadores, e incluso compartimos fiestas o ferias. Es el lugar ideal para encontrar lo mejor de la cultura independiente. Cuando pensamos en presentar Terrorismo Illuminati, el Salón fue la primera opción, y finalmente lo pudimos cerrar allí. Lo elegimos porque, más allá del sitio en sí, es un entorno que compatibiliza con nuestra posición.

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