Manu Hattom: El gran constructor de canciones

Published On October 3, 2016 | By Martin Velazquez | Criticas de discos, Entrevistas, Musica

El cantautor de Haedo presentará este jueves su último disco, Autopistas, en el Teatro Margarita Xirgu. Hablamos con Manu de su lugar en la música, de la Joven Pandilla y de los nuevos aires del rock.

 

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Foto: Manu Hattom/ Facebook

 

Vivimos en perpetuo movimiento, en la inquietud a que nos empuja nuestra libertad. Y aunque a veces resulte inconsciente, siempre estamos en camino de algo; yendo en su búsqueda. Viajamos para ganarnos la vida, para recrear y formarnos, también para encontrarnos e, incluso, viajamos para despejarnos del viaje cotidiano. El escritor beat Jack Keroauc decía que no importaba el cómo se viaje, tampoco los atajos o expectativas, siempre uno termina aprendiendo algo de ello. Casi tomando la posta, Manu Hattom supo condensar de ese ir y venir un puñado de logradas canciones en su segundo trabajo de larga duración: Autopistas. Con la Ruta Nacional 9 a cuestas, otrora el “camino real” del encuentro de criollos y peruanos, el músico pincela una relación con Rosario iniciada desde el amor particular pero que, lejos de agotarse en ello, abrió un puente de empatía musical con los artistas que allí residen y combaten los embistes del mercado musical con la honestidad de sus canciones. Haedo y el resto del conurbano no está exento; las lecturas fantásticas; las andadas por el viejo continente en la memoria; la energía creativa del oeste latente en la Joven Pandilla y en Magdalena Records, algo más que un mero sello discográfico: un espacio de libertad y desprejuicio artístico, un hogar. Las diez canciones, sucesoras de Benalmadena Despierta (2013), exhiben una apertura musical grandilocuente que puede ir desde las raíces profundas de nuestras tierras con Mercedes Sosa al brit vanguardista de los Radiohead. Manu Hattom en un puñado de años logra eclipsar en sus composiciones a quien lo escuche, como si sus años fueran vidas.

 

En respuesta emocional y artística a los estados que Manu atravesó en este último tiempo, Autopistas es ecléctico por naturaleza y no producto de un armado tendencioso para agradar en varios frentes. Es sincero. Grabado como rompecabezas en los estudios Ion, Magdalena Sound Studio, Lalala y Castillo de San Nicolás; las diez canciones que identifican la placa exponen un detallado cuidado en los arreglos instrumentales, con la voz de Manu como foco constante de intensidad lumínica. Con el talento de Mauro Duek (Mejor Actor de Reparto) desde la producción, quien calibró el disco en un tono más potente, las diez canciones elegidas son el reflejo de influencias dispares mamadas a lo largo de una vida entregada a la música y que, pudiendo etiquetarse como rock, pop o hasta incursionar en un huayno, no obstante, generan una rápida asociación en su conjunto, como capítulos que necesariamente deben aunarse para encastrar su concepto.

 

 

 

 

La canción es inmortal, perenne, aún en tiempos de experimentación y exacerbados loops. “No te duermas” es un genial comienzo que exhibe los matices vocales de Hattom sobre un fondo que se va levantando, como ladrillos, y arrecia un rock melancólico en su epílogo. El lamento de la espera y el recuerdo de los cruces de Caballito en una canción que puede verse como contrapunto, tal vez, del Maribel se durmió del flaco Spinetta. Sin exagerar, “Algo sucedió” tiene todo para ser el destacado del álbum: la instrumentación va cocinándose a fuego lento; la guitarra se luce sin opacar la voz, acompaña, sabia. “Hoy más que ayer/ Por hoy saldré” estira una voz fiel a la filosofía del disco: el presente como construcción de sí mismo. En “Carretera” encontramos la veta más rockera. Guitarras melancólicas, la batería seca, y una voz que explota sin perder solemnidad. Compuesto en pleno viaje con Marcos Ribak (Muñecas Rusas) con huellas más marcadas por Duek, refleja un envión de energía necesario. La tristeza que emana “El Lugar” nos abroquela a nuestros recuerdos; interesante trabajo de teclados sobre una base plácida de rasgueos. “Es posible que al final, todo vuelva a suceder/ Necesito libertad, necesito estar de pie /Necesito respirar para poder emprender, alguna salida” arrecia el estribillo del tema que corta al medio Autopistas. Un pop de ritmo tenue con un color de voz cálido. Otra perla del disco. En “Izamaroff, el rey del oeste” hay un clima más galopante desde su base pero las guitarras arrojan espasmos introspectivos. Quizás un calvo petiso, con barba candado y la camiseta del Deportivo Morón gastada, expeliendo humo en una esquina de Avenida Rivadavia: todos tienen un Izamaroff en su barrio. El cierre de “Cumbia nena” rellena de paz la atmósfera. Un veta folclórica que trasciende la herencia cultural materna y que se mezcla en la cotidianidad de Manu. Folclore y cumbia, dos sueños futuros no lejanos para el cantautor de Haedo. Por lo pronto, Autopistas aún tiene muchos kilómetros más hasta llegar a destino.

 

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Foto: Rochi Cortés

 

A prima facie Autopistas parece un disco de carretera, On the road. Pero a medida que lo escuchás, te das cuenta que trata sobre las historas detrás de esos viajes, las personas que conoces, las anécdotas que te quedan. ¿Pensaste en hacer un disco temático sobre los viajes o las canciones naturalmente hacían referencia a ello?

 

No fue pensado, pero a medida que voy componiendo y haciendo el disco siempre cuento qué es lo que me pasa. Es una cuestión temporal en ese sentido. Lo que me sucede, lo pongo. Así surgieron las canciones.

 

Tenés mucha empatía con muchos músicos de la zona oeste, los cuales varios colaboran con vos. No obstante, se ve una afinidad particular con Mauro Duek, que en este caso produjo tu disco. ¿Qué te une a él?

 

A Mauro lo conozco desde los seis o siete años. Es uno de los mejores músicos y compositores de este rock en castellano. Me gusta trabajar con personas que conocen mi historia y también por dónde estoy yendo. Mauro es un gran amigo y confidente, y además lo respeto mucho profesionalmente. Su trabajo fue espectacular, vino desde los primeros hasta los últimos ensayos aportando ideas, proponiendo cambios: crear climas, sacar o quitas partes. Al principio me propuso hacer más canciones. Las hice. Además, el disco primeramente era más apagado, oscuro. Él lo fue acercando más a la luz con otras canciones que surgieron, donde contaba los momentos que estaba viviendo. Me hizo cantar infinidad de veces, recomendándome que interprete aquello que cantaba, ponerle sentimiento a las frases.

 

Solés moverte en un circuito donde se entrecruzan bandas de diversos estilos, muchas relacionadas con tendencias más actuales como el llamado indie. Sin embargo, tu música no parece tan identificable con ese estilo. ¿En qué lugar te ubicas vos?

 

Pertenezco al género canción. No creo demasiado en esos tags. Mi ideología es que cada uno tiene que hacer lo que le salga de la mejor manera. Supongo que pertenecer a algo como el indie significa mantener cierto género musical y moverte por un circuito que generalmente junta a ese tipo de bandas. A mi me gusta escuchar mucho a los grupos de antes, que es lo que me genera cosas y me trasciende a otros lugares: al patio de mi casa cuando era chico; a mis primeros noviazgos; a un viaje. Esa relación es la que quiero tener con la música, que me explote al máximo. En el futuro tengo en mente hacer algo folclórico y también de cumbia. Soy abierto con la música, quiere hacer lo que me surja en su momento, sino no lo hago. Me encantaría hacer algo como “La Negra” Sosa pero es muy difícil, ojalá de acá a diez años pueda realizarlo.

 

La banda que te acompaña, la Joven Pandilla del Oeste, parece un seleccionado de grandes músicos de la zona. ¿Eso responde a una elección específica sobre lo que necesitas o tiene que ver con la filosofía de trabajar con la gente que confiás y te sentís cómodo?

 

La Joven Pandilla del Oeste es mi grupo de amigos, quienes son músicos. Soy afortunado al tener amigos que interpreten con tanta calidad sus instrumentos, con mucho criterio de pertenecer a un proyecto de banda de rock. En este caso donde hay un solista más una banda, están un poco a disposición mía, pero no dejan de ser mis amigos y aportar a la cuestión. Ellos entienden la música de la misma manera que yo.
No se trata de una selección especifica, sino que hay un análisis de la disponibilidad de cada uno para tocar. Y que ocupen un puesto no implica que dejen de ser amigos. Cuando un baterista no puede, viene otro a tocar; cuando el guitarrista no puede, lo hago yo.

 

En estos últimos años han surgido muchas movidas relacionadas con sellos independientes y circuitos alrededor de ellos, Magdalena Records es un ejemplo de ello. ¿Te parece que se ha roto un paradigma en el rock y que hay que aceptar que lo que prima hoy en esta manera de hacer música y difundirla?

 

La escena creció tanto, pese a estos ocho meses, que es imposible pararla. Se hacen cosas todo el tiempo, de lunes a lunes: en casas de arte, en centros culturales, clubes de barrio, boliches, en bares y restaurantes; hay tanta oferta que eso generó un circuito. Nos movemos en base a eso, más allá de que uno siempre va abriéndose a nuevos espacios. En mi casa también nos juntamos para hacer una feria y tocar con amigos. El éxito para nosotros es estar juntos, comer y beber, tocar y disfrutar el momento. Si nos va bien, mejor. Pero siempre le ponemos el máximo de profesionalismo. No vemos que el camino sea sentarnos con alguien detrás de un escritorio que te diga que tu ganancia es del 4 por ciento. Preferimos hacerlo nosotros, por nuestra cuenta, que nadie nos puede decir nada y que no haya límites al respecto.

 

La presentación oficial de Autopistas es este jueves 6 en el Teatro Margarita Xirgu en la Ciudad. ¿Cómo te venís preparando?

 

Estamos ensayando desde hace un mes y medio en una sala muy grande, preparando el show del 6 de octubre. Queremos dar un buen espectáculo, que sea muy prolijo. Vamos a tener varios sets incluido uno con un cuarteto de cuerdas. Va a estar muy bueno.

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