Mejor Actor de Reparto: Recibiendo lo nuevo

Published On March 2, 2017 | By Martin Velazquez | Entrevistas, Entrevistas, Musica

La banda del oeste bonaerense pasó por Castelar para mostrar las canciones de su segundo material, Humilde Frente al Mar. Minutos antes del show, hablamos con ellos de los cambios sonoros, la recepción del disco y lo que viene en este presente año.

 

Nueve y media de la noche: el sopor de un aire húmedo agobia las ganas de emitir el más leve movimiento a pocos metros del Pompeya Bar, a sólo cuatro cuadras de la estación del Sarmiento. Afuera, en la vereda, hay algunas tímidas mesas: el dilema entre el aire artificial y la ventisca oportuna. Las cervezas transpiran, más que de costumbre. Las voces murmuran sobre el fin de semana largo. Me paro sobre el cordón de la calle al 2400, en una actitud de “salto al vacío”, entre dos autos no demasiado juntos. El humo del cigarrillo dispersa por un instante los pensamientos: el calor, la fatiga, la ansiedad. El tiempo parece no existir. Volteo y veo a Mauro (Duek), apoyado sobre la pared del pub, al lado de un gran ventanal frontal ¿Desde cuándo estaba ahí? También fuma. Me acerco y lo saludo. Se sorprende: “¿Sos el de la entrevista? Asiento con la cabeza mientras recuerdo la última vez que vi a la banda: fue en el Emergente, un jueves nublado, por la tarde, desde una butaca lejana. Allí escuché en vivo la mayoría de las canciones de Humilde Frente al Mar, su segundo trabajo discográfico tras el álbum homónimo. Un disco intenso, oscuro pero bailable, personal y, a su vez, de todos. Le pregunto sobre su retorno al oeste: ese lugar del que sus nativos nunca terminan de desprenderse; un dulce karma. Hablamos de Ramos Mejía, de la lógica frenética de la gran urbe porteña, del tráfico en las calles como cortina musical eterna, de la amistad. Atrás quedó el 6ª C de Caballito; “aún así viajo mucho para allá”, aclara. La colillas ya están en el suelo. Entramos.

 

Nos hacemos camino esquivando las mesas. Atrás de la barra, al lado de una puerta corrediza, la pizarra anuncia: “Hoy Mejor Actor de Reparto”. Al fondo del bar, sentados, delante del escenario, Alejo Lecouna (bajo), Ramiro Colomer (batería) y Manu Hattom (Guitarra/Sintetizadores). Pongo mi grabador alrededor de las tablas de pizza. Rememoro las impresiones del primer álbum: la explosividad de las guitarras; la rabia, desde una voz desencantada de las relaciones idílicas; la nostalgia, hilando melodías plácidas, otoñales. La transición hacia Humilde Frente al Mar implicó no solo maduración, también un cambio de enfoque en la manera del expresar musical: intenso, más atmosférico, por instantes sombrío. La canción debía acompañar una composición sentida, a veces cruda. “Se grabó de la misma manera (que el primer álbum) pero se trabajó distinto en la mezcla y en la posproducción en sí”, comenta Mauro sobre un material que ahonda, al igual que el primero, en sus estados emocionales recientes aunque, esta vez, aborda sentimientos más personales: “La mayoría de las personas que me escribieron al sacar el disco me contaban que se les había muerto un padre. Es como que tenés que haber pasado esa vivencia para poder empatizar desde allí”.

Las texturas que revisten las canciones, ya desde “Caminando sin Fondo” hasta “Sola en la Calle” o “Sala de Espera” denotan complejidad: capas de sonidos, arreglos, digresiones. Hay sí, en este último trabajo, una idea más conceptual de fondo, simbólica o como dice Mauro “espiritual y mántrica”. En esa metamorfosis de la banda aparece el nombre de Julián Gándara, el productor encargado de buscar un foco de equilibrio entre cada corte, romper la individualidad por una mancomunión sonora. Sin una presentación oficial, el disco levantó desde las plataformas de sonido, haciendo paso firme en las fechas que la banda pudo realizar en un circuito amplio pero complejo. “Con el nuevo disco y algunos cambios en la formación priorizamos otras cosas, entre ellas el disco que se va a venir. Además, que la banda toque es producto de nuestro esfuerzo: salir a buscarlo, pelearlo, conseguirlo, llevarlo a cabo…”, remarca Mauro.

La consolidación sonora es una cualidad hoy esencial en Mejor Actor de Reparto, en eso, parece sacar ventaja de la inmediatez que avasalla una parte del escenario del rock anclada en el imperio del loop. “Son momento también. Vas viviendo, pueden pasar dos meses sin tocar y ya está. Te dormís un rato y el tiempo pasa”, señala Alejo, integrante también de Los Nuevos Monstruos. Y opina respecto al movimiento de bandas en el circuito: “Si hubiera una dinámica a seguir para tocar más seguido, lo haríamos. No hay ningún misterio o secreto, es algo que simplemente se da”. En tanto Manu, invitado comodín de los últimos tiempos de la banda, cree que se debe a “el movimiento personal de cada grupo”, donde las prioridades pueden rotar desde la producción musical, que incluye el material audiovisual – una herramienta clave en la era de las redes – hasta el propio tocar, aún, sin nada nuevo que mostrar. En ese contrapunto, hay una escala media que la banda interpela. El laburo cinematográfico de Mauro ha podido alimentar a Mejor Actor de Reparto de un surtido de buenos clips, entre ellos el de Caminando sin Fondo, que le han dado un vuelo de mayor profesionalismo.

 

 

La calidad implica tiempo. La pérdida de intensidad en el recorrido de la banda por los espacios musicales de la gran ciudad debe leerse desde la sabia experiencia: lo duradero requiere ideas, proyectos y reconversiones constantes a corto y largo plazo. “Humilde Frente al Mar llevó, literalmente, un año y medio de mezcla. En el cual dos veces por semana nos poníamos a trabajar todo el día. El viaje es por ahí y el producto es resultado de ello. Sin ese espacio, ese tiempo y trabajo, el disco no sería lo que es”, explica Mauro sobre el detrás de escena de un segundo disco que, además de profundizar las virtudes de la agrupación, también ha servido como impulso para un – todavía verde – nuevo material. Si bien el streaming y la lógica de la comunicación contemporánea parece ser una herramienta infalible en la divulgación artística, hay un contrasentido a tener en cuenta: la inmediatez como falsa receta de la ruta hacia el éxito comercial. Mauro se sincera y, conciso, aclara: “Tengo la tranquilidad que nuestra obra discográfica, hasta el momento, incluso lo que haremos este año, es realmente de un contenido cultural y personal muy fuerte (…) el tipo de recompensas que yo busco no resulta algo sencillo”. Claro está, Mejor Actor de Reparto parece no buscar la consagración a cualquier costo, hay principios artísticos y personales que priman el laburo. Y para eso, es necesario, “romper con los mandatos” como acota Alejo. A fin de cuentas, si pensamos en el concepto esencial del rock, es lo más importante.

 

 

Las puertas metálicas se corren cerca de la una y media de la noche. Bajan las luces. Un último sorbo al vaso de fernet. La banda ya está arriba del escenario, cambiada, poniendo a punto un inicio esperado e inevitable: Caminando Sin Fondo. Manu, desde los sintetizadores, arroja densidad a un corte espeso, como una bruma que tiñe el poco espacio del bar y que va creciendo, cual bola de nieve, hasta culminar con una voz desgarradora, desesperada. Le sigue 6ºC: canción rockera, más elevada, que también pudo ser un inicio en el disco… Y no hubiera estado mal. La sentida Sala de Espera pareciera habitual, aún cuando Mauro anuncia que la tocarán en vivo por primera vez. Hay espacio para novedades. Una guitarra furiosa sobre una cadencia solapada, con cierto aire a White Stripes, marca el comienzo del tema – llamado hasta el momento – Tiempo, un adelanto del material futuro en que la banda tanto trabaja. El sudor cae hasta el último punteo. “¿Hay un poco de agüita por ahí? Estamos desde las seis” se escucha desde el micrófono. Queda lugar para otra parcela sonora de las nuevas: Que bueno que no te tuve que matar. Otro arranque oscuro: una guitarra alocada; la batería de golpes sórdidos; un bajo sobrio que se va bifurcando hasta alcanzar el clima junto a un riff certero que que se va desgranando lentamente; una canción a tener en cuenta en lo próximo. La melancolía de Sola en la calle raspa en el frenetismo acumulado para interpelar nuestros sentidos y darnos calma. Y, seguramente, Un Nuevo Resentimiento sea uno de los mejores pasajes de Humilde Frente al Mar. Desde ese clima enérgico, sube la temperatura del bar, que estalla en un estribillo coreado por las almas que rebotan alrededor del escenario. Queda poco tiempo, algo para aplausos, pero un resto para el pico de euforia que desencadena El Oscar, un tema ya emblemático para el grupo, el más punk quizás: la velocidad, los coros, el pogo. Finalmente, el cierre queda para algunas risas en el aire y otro viejo conocido como Si Querés. Lanzamos el último aliento antes de que la música se corte, para estar otra vez afuera, donde el humo y el murmullo retratan una noche madura, como pocas, en el oeste bonaerense.

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