Pale Communion: La nueva comunion de Opeth

Published On September 23, 2014 | By Samuel Modragon | Criticas de discos, Musica
Overall Score
90 %

Las 8 canciones que componen “Pale Communion”, el disco de estudio número 11 de los suecos de Opeth, toman distancia de sus raices para volcarse de lleno hacia la búsqueda progresiva.

El trabajo fue lanzado por el sello Roadrunner y producido por su propio líder, Mikael Akerfedlt, mientras que la mezcla estuvo a cargo de su viejo amigo Steven Wilson, ex Porcupine Tree. Este último dato es fundamental para el giro que toma el disco: de los más introspectivos y profundos de toda su discografía; una obra que con cada escucha va ganando más y se descubren cosas nuevas a medida que se afina el oído.

Cabe decir que para disfrutar como se debe de este álbum hay que olvidarse casi completamente de los anteriores ¿Por qué decimos esto? Porque probablemente quisiéramos rememorar los anteriores perfiles de Opeth con los cuales nos identificamos en el pasado. Me refiero a las voces guturales, riffs rápidos y pesadez; lugares comunes que esta obra no representa. Acá nos adentramos en la parte más progresiva, la cual sigue la línea de “Heritage” (2011) y “Damnation”(2003) pero que no llega a ser una mezcla de ambos, ya que en “Pale Communión” hay cosas nuevas. En definitiva, este disco tal vez no conmueva a los fans de la primer época de la banda de Mikael pero a quienes se permitan disfrutar con la exploración musical les va a encantar.

En cierta forma, Opeth experimenta nuevas formas de sonar pesado sin recurrir a lo obvio. “Eternal Rains Will Come” abre la placa oyéndose un órgano desgarrador y batería con groove.  Sigue “Cups of Eternity”, el que fue corte y lo más “comercial” que entraremos en el resto de las 6 canciones que quedan. La longeva “Moon Above, Sun Below” dura 10 minutos que pasan como un relámpago. Es de las más logradas por sus cambios de pasajes y las voces cristalinas del cantante. Los teclados le agregan un toque tenebroso a la pieza, todo en armonía con lo que se venía escuchando. Realmente impresionante.

Difícil de encontrar mejores temas luego de aquel tercer track, pero aún hay material para dar batalla. “Elysian Woes” y “River”, son dos temas opuestos, por el clima desesperante del primero y luego el optimismo logrado por el segundo. Promediando encontramos la completamente instrumental “Goblin”, una de esas locuras que se mandan estos suecos.

Hacia el final nos quedan “Voice of Treason” y “Faith in Others”, de casi 8 minutos de duración cada uno. Sin dudas, Akerfeldt quiso terminar el álbum de la forma más grandilocuente posible; por momentos situándonos como en películas, con sus respectivos inicios, nudos y desenlaces. Se usan muchos instrumentos de vientos y sus respectivas orquestaciones en estas canciones que producen melodías emotivas que harían conmover a cualquiera.

Y así se termina. El disco no llega a durar una hora pero- como en los sueños- parece que hubiera pasado más tiempo. La conclusión de este viaje al que nos lleva Opeth es la siguiente: “Pale Communion” es lo suficientemente bueno como para hacerte olvidar al viejo Opeth. 

 

 

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