Rock en Territorio Hostil. Vol II: Rusia

Published On June 28, 2016 | By Martin Velazquez | Cultura, Musica

Cómo martillar el Telón de Acero

 

A mediados del siglo pasado, la Unión Soviética había construido una barrera infranqueable de toda cultura capitalista. Su caída, parecía haber trazado un cambio de época en la cultura del rock en Rusia, pero las ideas nacionalistas de Vladimir Putin han despertado los viejos fantasmas de la censura.

Pussy-riot

Suenan las campanas de la Catedral de Moscú Cristo Redentor y los fieles ocupan sus asientos, aguardando el comienzo de otra ceremonia religiosa. La iglesia, que supo desaparecer en 1931 a manos del régimen comunista, está en el punto más elevado tras su restauración; se jacta de sus relaciones carnales con el gobierno de turno. Ellas caminan entre los creyentes, con sus caras cubiertas de pasamontañas y vestidos fosforescentes deshilachados, hasta situarse sobre el altar de la institución ortodoxa. Son cinco pero pueden ser muchas más; sus presentaciones son sorpresivas, provocadoras, y nunca se anuncian. Así es también este 21 de febrero de 2012, cuando comienza a sonar la cruda grabación de su última canción, A Punk Prayer: “La libertad ha muerto, se ha esfumado/ El orgullo gay ha sido encadenado y enviado a Siberia/ El líder de la KGB es su santo, un convoy lleva a los disidentes a prisión/ Para no ofender a su santidad, las mujeres deben dar a luz y amar/ ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Santa Mierda!” Poco es lo que pueden expresar, la policía ya está ahi: toma su grabador, su guitarra, su libertad. Nadia, Masha y Katia están detenidas, sus familiares piden su liberación, pero gran parte de la sociedad las acusa cual brujas en inquisición. “Se les impondrá un castigo acorde al delito que cometieron” esboza Vladimir Putin en televisión: impoluto, soberbio. Las Pussy Riot se formaron, no casualmente, el mismo día en que el ya dos veces presidente anunciara ir por su tecer mandato. No temen ir presas, como tantos otros jovenes que anhelan acabar con un orden opresor y misógino.

 

Basura burguesa

White Trash” es el término que usaban los norteamericanos a mediados del siglo XIX para referirse a las clases bajas – proletariados en su mayoría – y a su supuesta decadencia cultural. Sin embargo, los moscovitas lo acuñaron también para referirse al rock and roll, un género que según el régimen “incitaba a la delincuencia”. Hasta la caída de la URSS en 1991, cualquier tipo de música procedente de Occidente era fuertemente repudiada. rongenizdatLos discos estaban prohibidos. Elvis Presley o Chuck Berry eran solo rostros de un falso mito capitalista. A pesar de ello, los pocos amantes del género nacido del otro lado del hemisferio tuvieron una idea más que ingeniosa: los roentgenizdatEran grabaciones de los discos copiadas sobre placas usadas de rayos x. Su contrabando creció exponencialmente a través del puerto de Riga y Leningrado. Éstas tuvieron un alto consumo entre la juventud, entre ellos los komsomoles, hasta que en 1959 la milicia soviética organizó un patrullaje especial con el fin de destruir cualquier tipo de circulación posible.

Let It Be, Net!

 

La fiebre Beatle, que en los años sesenta se expandía alrededor del mundo, era fuertemente repelida por los altos mandos de la URSS. El cuarteto de Liverpool era la representación viva de la burguesía capitalista: libertad sexual, rebeldía, desorden; y, aún cuando John Lennon afirmara, fiel a su estilo provocador, “somos más grandes que Cristo”, no había forma de empatizar con el hermetismo anti-occidental que ofrecía el régimen. Los pocos discos que llegaban a la región eran infiltrados por marineros y militares con ansias de juntar algunos rublos extra. Era inevitable, aún en plena prohibición, se podían ver en las universidades soviéticas peinados, Levi’s y zapatos de plataforma análogos a los que usaban los músicos británicos.

 

 

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La relación entre Estados Unidos y la URSS en los sesenta estaba en su punto más álgido. Los misiles colocados por el bloque soviético en la isla de Cuba provocaron el grito en el cielo del gobierno de John F. Kennedy. La guerra era inminente. A todo esto, el rock’n roll, la “derrota cultural de Occidente”, no lograba dar frutos propios entre la juventud, era una tarea utópica.Las pocas bandas formadas en esa época debían improvisar salas de ensayo en los sótanos de sus casas, tocar para amigos, con amplificadores caseros que, a modo de “frankenstein”, eran construidos con piezas de diferentes aparatos electrónicos.

 

La asunción de Mikhail Gorbachov como secretario general a mediados de los ochenta incluyó la reforma conocida como Perestroika. Ésta tenía como objetivo poder reestructurar el sistema económico soviético mediante la liberación de los precios a la ley de oferta y demanda, y una distribución diferencial de los salarios en base a los niveles de ganancia. Era un intento de instaurar un “capitalismo socialista”. Lo cierto es que, más allá de las deficiencias del proyecto, el cambio significó un bautismo para muchas bandas que sobrevivían en la clandestinidad o debían lidiar con la imposibilidad de tocar en vivo debido a la falta de recursos e instrumentos musicales. Sin embargo, una situación de desencadenamiento puede a veces nublar ciertos objetivos, hacerles perder fuerza, rabia. Se necesita a veces un estímulo acorde a la cotidianidad en que se vive. Así apareció el punk en Rusia.

 

El “hippismo” y su prédica pacífica no parecía colmar las necesidades de protesta que corrían por las calles de Moscú a principios de los ochenta. El punk era su identidad por instinto, la juventud rusa era sobreviviente en una sociedad sin horizonte, del mismo modo que lo habían sido los punkys en Inglaterra. El terreno cedido por el gobierno soviético a las bandas internacionales sólo había traído un puñado de artista de corte disco entre los que se destacó Boney M; incluso Elton John, tras un amplio análisis de sus presentaciones, fue permitido en Moscú, aunque lo más rebelde que se vio de él fue su interpretación de “Back in the URSS”. El inconformismo de la juventud soviética necesitaba cantar algo distinto del “Don´t Go Breaking My Heart”, quería gritar “No Future”.

 

GO

Grazhdanskaya Oborona, pioneros del shoegaeze en Rusia.

Una de las bandas de mayor renombre fue Avtomaticheskie Udovletvoriteli (AU). Originarios de Leningrado, estaban comandado por Andrei Panov, un frontman que no dudaba en tomarse su propio meo. Otra fue DK, una banda de tintes más intelectuales que podría asociarse al ideal de los Clash. No obstante, el mayor foco punk tuvo su lugar en las gélidas tierras de Siberia. Comandado por la insigne agrupación Grazhdanskaya Oborona (GO), el movimiento siberiano debió reñir con censuras maniáticas a modo de cárcel, que incluyeron la reclusión en un Hospital Psiquiátrico de Létov, líder de GO. Pero siempre hay revancha. Tal es así que Létov, años después, se uniría al Partido Nacional Bolchevique – una vertiente extrema del comunismo – convirtiéndose en su líder.

 


En los años noventa, el telón de acero finalmente empezó a correrse. Grupos de renombre como Iron Maiden, Scorpions o Metallica se presentaron por primera vez en el territorio
. En lo que respecta al punk, la comercialización del movimiento del otro lado del mundo, con grupos como Green Day o The Offspring, rompieron la mística de barricada de buena parte de la escena rusa, que empezó a multiplicarse de agrupaciones pop.

 

Las sombras del pasado acechan

 

En el año 2013, Rusia aprobó una ley antiblasfemias con el fin de mantener nulo cualquier tipo de ofensa hacia los creyentes religiosos. La medida, de una burda estampa ética, contrajo serios inconvenientes para muchas agrupaciones críticas a los poderes de la Iglesia. Uno de los casos más paradigmáticos fue el de Cannibal Corpse. La banda de Death Metal debió suspender sus shows programados en Moscú y San Petesburgo a raíz de las protestas de un grupo de fanáticos religiosos del culto “God’s Will” – aliados de la Iglesia Ortodoxa – quienes los acusaron de incitar al odio, la violencia y la corrupción de niños.”Vinimos a Rusia entusiasmados y preparados para tocar todos los conciertos programados, y sentimos que no hayamos podido hacerlo. Estaba fuera de nuestro control. Estamos tremendamente decepcionados”, señaló el comunicado posterior de la banda neoyorquina.

 

Pero no es el único caso registrado con ese tipo de prohibiciones, Marilyn Manson también tuvo que suspender su presentación en Novosibirsk en 2014, luego de que un grupo de activistas ortodoxos presionaran a los organizadores y amenazaran con no permitir la exhibición de un show “sadomasoquista” en su ciudad. Extremo fue el caso del grupo de Death Metal Behemoth, quienes terminaron siendo detenidos y deportados, además de prohibírsele la entrada al país durante cinco años. “Me encanta la gente rusa. Es sólo que tienen un idiota como líder del país. Pero bueno, nada es para siempre así que esperámos para volver de forma más grande que nunca”, se despachó su vocalista Nergal.

 

La revuelta feminista contra Putin


Conocida en el mundo es la historia del colectivo Pussy Riot. Tres de ellas fueron detenidas en febrero del 2012, luego de improvisar una performance de denuncia ante Putin y la Iglesia Ortodoxa, en el lugar más sagrado de esta última, la Catedral Cristo Redentor en Moscú. Si bien sólo se conoció la identidad de tres de ellas – Nadia Tolokonnikova, Maria Alypkhina y Malutsevich -, el grupo llegó a estar por encima de los diez integrantes. Inspiradas por el movimiento de terrorismo artístico conocido comoVoina (guerra) y con la influencia musical de Bikini Kill, las Pussy nacieron con el fin de protestar contra el regimen patriarcal que impone el gobierno de Vladimir Putin, causado en gran medida por los vínculos sacros pactados con la Iglesia Ortodoxa.

 

Ya sea en una autobús, un salón de belleza, la mítica Plaza Roja o frente a la ventana que deja ver los presos políticos de Rusia, las performances del colectivo son un toma de posición impactante y poco habitual para una sociedad aún conservadora en su mayoría. Lo cierto es que la amnistia decretada por el gobierno de Putin en 2013, que dio libertad a Nadia y Maria (Masha había sido liberada en la apelación), reflejó mas un vano intento por lavar su imagen como líder en el resto del mundo, que un acto a favor de la libertad de expresión. Las presiones ejercidas por los organismo de derechos humanos, y el apoyo de figuras de renombre mundial como Madonna, Paul McCartney o Bjork, entre otros, fueron el verdadero punto de ebullición. Putin puede tener largos años de gobierno aún, pero deberá lidiar con un grito de guerra inmortalizado en la juventudFree Pussy Riot!

 

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